El poder judío en Occidente y en Oriente
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GEOPOLÍTICA DEL CONFLICTO
EN EL
MEDITERRÁNEO ORIENTAL Y EL
ASIA CENTRAL
"Decididamente, se debe entender que los israelíes... se pondrán de espaldas a la pared y lucharán -con todos los considerables medios a su disposición- si perciben una amenaza intolerable para su seguridad. En el mejor de los casos, los restos radioactivos quedarán en Líbano, en Siria, o en ambos países"
Moshe Sharett, Diario, 1980.
Las derrotas de Israel En el campo militar, los últimos tiempos han sido fatídicos para Israel. Estuvieron marcados por grandes catástrofes: la caída de dos helicópteros de transporte que se desplazaba hacia Beirut con 70 comandos a bordo, con el objetivo de destruir la conducción de Hezbollah; el fracaso de varias expediciones punitivas contra el sur del Líbano; la detención de los dos agentes del Mossad en Amman, con el subsiguiente terremoto político, el desbaratamiento de la célula terrorista en el Líbano, y otra serie de fracasos menos publicitados.
Un tal proceso de derrotas militares se ha producido sin que, desde la parte árabe, actuara ningún ejército poderoso, provisto con divisiones blindadas y baterías misilísticas. Los nuevos "ejércitos árabes" son movimientos populares de resistencia y, en especial, movimientos populares-islámicos de resistencia, como es el caso relevante de Hezbollah. Esa resistencia árabe, islámica y popular, es sólo una de las caras del conflicto. Simultánea y correlativamente, y por primera vez en la historia del Estado judío, la guerra tiene otra cara, que es la fractura interna de la sociedad israelí.
Como uno de la reflejos de esa fractura, el sistema político israelí -y, con él, la judería mundial- ha entrado en una fase de "doble poder". Siempre el "doble poder" o el "poder paralelo" ha sido la antesala de las guerras civiles y, en su caso, de las revoluciones. La sociedad y el conjunto de las instituciones israelíes se están seccionando en dos mitades casi iguales, pero opuestas entre sí de manera creciente. Cada una de esas facciones busca su propia "representación política" (Netanyahu versus Weismann). Esa fractura social, institucional y, en definitiva, teológica, provoca una progresiva licuación del poder que empuja al Estado judío hacia la parálisis y el aislamiento internacional, y a las juderías en cada país a una impotencia creciente. Por primera vez desde el final de la segunda guerra el judaísmo sale del plano de lo sagrado y queda empantanado en la historia. Es por ello que día a día el Mito del Holocauto cobra cada vez más importancia como Mito Fundador o Fundamentador. La transparencia cada vez más evidente de las vísceras del Estado judío no deja alternativa: su única justificación histórica no puede ser sino un Mito de dimensiones faraónicas, valga la contradicción.
Estos son sólo dos de los núcleos del conflicto, a partir de los cuales se pueden explicar las derrotas militares recientes y, asimismo, preveer algunos hechos futuros. Siempre se dijo que la primera guerra perdida por Israel, sería su última guerra. Esa "última guerra" será, muy probablemente, una guerra civil. Israel está hoy donde nunca había estado antes el Estado judío: entre el desgaste socialmente intolerable de una "guerra exterior" interminable (en Líbano, en Palestina y rodeada de un mundo árabe cuyas sociedades le son mucho más hostiles que muchos de sus gobiernos), y una guerra civil, la "última guerra de los judíos".
Ahora nos estamos acercando al punto en el cual en la historia del mundo occidental y del "mundo antiguo" se puede producir un cambio de escenario, pivotanto precisamente sobre la "cuestión judía". Sólo la crisis crónica de los Estados y sociedades árabes, su extrema decadencia o "cansancio histórico", la sistemática traición de sus dirigencias, posterga una definición largamente anunciada.
Cualquiera sea la dirección que tome la crisis: guerra civil en el Estado de Israel, guerra civil en el mundo árabe, guerra árabe-israelí, expulsión demográfica de los palestinos de Cisjordania (limpieza étnica) o, lo más probable, una compleja combinación entre todas ellas, estamos llegando a un "punto de no retorno" a partir del cual todos los Mitos sobre los que se construyó el Estado de Israel caerán inexorablemente.
Caerán de la misma manera que como fueron construidos: a partir de haber acumulado ese Estado un enorme poder regional y de ser asimismo parte constitutiva de un diseño teológico-imperial global que se consolida hacia el final de la larga guerra civil europea de treinta años (1914-1945). Será un punto de no retorno porque en el escenario existe armamento de destrucción masiva: armas nucleares y armas bioquímicas; pero sobre todo porque existe una acumulación insoportable de humillación racial orientada exclusivamente hacia los indígenas.
Pues esa hostilidad de los indígenas (de los árabes en general y de los palestinos en particular) no pudo ser ahogada en sangre a pesar de la sistemática claudicación de las dirigencias árabes. Se manifestó desde un principio bajo la forma de una lucha aparentemente destinada al fracaso, porque cuando se instala el Estado de Israel, no existía ninguna estructura política ni administrativa, ni ideológica ni cultural con capacidad de resistencia en todo el mundo árabe, que venía de muchos siglos de control otomano, primero, y de varias décadas de colonización occidental, después.
Ahora la situación es muy distinta. Funcionan Estados y movimientos a los cuales se les pueden atribuir innumerables defectos y limitaciones. Pero desde el nacionalismo árabe-sirio hasta los movimientos islamistas, existen estructuras que han demostrado disponer de una extraordinaria capacidad de resistencia en circunstancias internas y externas extremadamente adversas.
Estamos, pues, llegando, al punto en que será imposible, aun para la atormentada conciencia europea democrática-occidental, continuar fingiendo ignorar que el enfrentamiento árabe-judío no es una continuidad -en otro escenario- de la "guerra civil europea", sino la consecuencia lógica final de esa guerra. La relación Israel-Occidente, u Occidente-Israel, por una serie muy larga de acontecimientos históricos perfectamente conocidos, se instaló en el seno del mundo árabe-musulmán en un momento en que éste vivía circunstancias de extrema debilidad. El genocidio que los judíos practican contra los árabes es la masacre -física y espiritual- de un pueblo -de una raza- que fue totalmente ajena a los avatares de la segunda guerra civil europea. Más bien iba a ser la víctima insoslayable y necesaria de esa guerra, cualquiera hubiese sido su resultado.
La opción estratégica La única opción estratégica que tiene el Estado judío es culminar un proceso de toma del poder dentro de la propia "potencia hegemónica". Ese control de los centros decisionales de los EUA es vital para la estrategia judía, ya que desde allí pueden lograr lo que le está vedado a un Estado de Israel existiendo como mero "aliado" de Washington. El 20 de agosto de 1998 la estrategia judía logró un éxito trascendente: los bombardeos americanos contra Afganistán y Sudán provocaron en grave sisma entre Estados Unidos y el mundo árabe-musulmán. Tal sisma puede ser el origen de una "guerra de civilizaciones" y, por lo tanto, de la única opción de supervivencia del Estado de Israel.
La situación actual del mundo árabe musulmán (y turco-persa) es muy distinta a la que existía en 1949 y, aún, en 1967. Ahora hay tanto elementos de diversidad como elementos de cohesión, es decir que hoy existe la posibilidad, anteriormente negada, de realizar alianzas y contraalianzas.
En primer lugar existen diferencias étnicas e idiomáticas evidentes, tomando como "extremos" a persas y turcos, por ejemplo. En segundo lugar existe asimismo una geopolítica del Islam, hasta ahora inexplorada, que diferencia sustancialmente a los musulmanes del Índico de los musulmanes del Mediterráneo. No estamos hablando de los musulmanes del Magreb ni mucho menos de los de Indonesia o de Filipinas, que están afectados por un entorno geopolítico, étnico, cultural, lingüístico e histórico totalmente diferente. Esas diversidades determinan comportamientos políticos y económicos también muy distintos. Pero vamos a limitar el análisis al segmento asiático de la Isla Mundial (1).
Un musulmán del Índico está normalmente más afectado por los hindúes que por los judíos del Mediterráneo. El propio mundo árabe-musulmán del Mediterráneo oriental está fraccionado en etnias, ideologías y regímenes políticos -en suma, en Estados. Exceptuando por el momento a Turquía, observamos que aún entre dos Estados laicos -que gobiernan una población mayoritariamente musulmana- como los de Siria e Irak (cuya modernidad ha sido originada inclusive por el mismo tronco partidario: el Baas) existió en el pasado inmediato una rivalidad mucho más aguda que entre ambos y Egipto, por ejemplo (2). Actualmente el gobierno sirio está desarrollando una política orientada hacia la apertura y el logro de una cierta integración con Irak. Ella es una de las consecuencias importantes de la progresiva consolidación del hecho estratégico decisivo de los últimos tiempos en el región: el establecimiento de una Alianza entre Damasco y Teherán. Es decir que una situación crónica de rivalidad está desapareciendo en los tiempos actuales: donde antes sólo hubo crisis ahora hay atisbos de cooperación.
Las causas políticas y, aun, económicas y religiosas de la diversidad y del antagonismo existente, sobre todo en el pasado inmediato, han sido largamente señaladas por una gran cantidad de autores, abarcantes de un muy amplio espectro ideológico. Pero lo que aún no ha sido lo suficientemente analizado es el factor geopolítico en esta atomización del mundo árabe y, aún, del mundo musulmán del segmento asiático de la Isla Mundial. No se ha dicho aun que existen dos grandes polos geográficos que tienden a actuar a la tracción sobre ese espacio: el polo del Océano Índico y el polo del Mar Mediterráneo (3).
A lo largo de la historia ambos polos han actuado de manera clara y terminante, tanto en la expansión del Imperio Persa hacia el oeste cuanto a movimientos antagónicos desde el Mediterráneo hacia el este. Desde Alejandro hasta los tiempos del Profeta Mahoma. Inmediatamente después de su muerte se produce una expansión militar multidireccional del Islam. Es en el actual territorio iraquí (Babilonia) donde se establece una frontera entre persas y árabes que muchos siglos después vino a coincidir, aproximadamente, con el frente de guerra Irak-Irán, que en definitiva no pudo ser atravesado por ninguno de los dos ejércitos Ver Mapa: Frontera Irak-Irán). La expansión del Islam hacia el sur llega a dominar toda la actual India septentrional y central. La desislamización de la India es la principal idea-fuerza de la hinduidad actual.
Los problemas que se originan a partir de la expansión incial de Islam hacia la India no finalizan en la "partición" del espacio indio (el mismo año en que los vencedores de la segunda guerra civil europea "decretan" la "partición" de Palestina); se proyectan hasta nuestros días y se materializan en la existencia de dos potencias nucleares: una musulmana (Paquistán) y otra aria-védica (India). Ambas zonas en conflicto reconocen vínculos con Irán: religiosos los primeros, y raciales y culturales los segundos.
En el segmento árabe afectado por el Mediterráneo oriental -Siria, Jordania, Líbano y Palestina (la importancia geopolítica del Irak reside en que está "a caballo" entre el Mediterráneo y el Índico), todos ellos Estados que vivieron durante siglos bajo la soberanía del Imperio Otomano (4), existe un fraccionamiento que en gran parte, aún, se deriva de la decadencia y de la desaparición final de ese Imperio, como consecuencia -entre otros factores- del resultado de la primera fase de la guerra civil europea (derrota de la "potencias centrales" en 1918). Aquí tenemos un vínculo muy importante entre la Mitteleuropa -y, más concretamente- entre la geopolítica alemana y el mundo árabe-mediterráneo en general (5).
Naturalmente el fraccionamiento que ocasiona la desaparición del Imperio Otomano se incrementa al límite a partir de 1918, con la colonización de la región por los Estados de la Europa occidental, los Estados vencedores de la "primera guerra mundial". Sobre la base de ambos impactos actúan posteriormente las particularidades -para denominar al fenómeno de alguna manera- que le imprimen a la región las diferenciaciones asumidas por los Estados independientes. La instalación simultánea del Estado judío, al finalizar la "segunda guerra mundial", no es una circunstancia ajena a este cuadro de situación. Desde un punto de vista puramente físico, Israel reemplaza, con una perspectiva teológica, y a partir de la victoria aliada de 1945, la acción colonizadora de Europa Occidental en Oriente Medio y zonas contiguas. Pero esta vez la historia se repite "como tragedia": Israel no es un simple Estado colonizador, sino un Estado teológico expansivo.
Entre el segmento árabe-mediterráneo y el segmento musulmán-índico actúa la tracción geopolítica antes señalada, que hasta el momento fue determinante en la evolución histórica y política de ambas zonas. Recién en los últimos años se han producido una serie sucesiva de hechos que, en su conjunto, pueden modificar progresivamente la implacabilidad del factor geopolítico. Sólo el Estado iraní -la sociedad persa- puede hoy amortiguar las tensiones entre el Índico musulmán y el Índico ario-védico. Y en lo que respecta a la ribera Mediterránea del Asia Central, la alianza sirio-iraní es, en ese sentido, y bajo su forma actual, es el hecho determinante para el futuro de la región (6).
Coincidiendo aproximadamente con la derrota ideológica y militar de la OLP en 1982, despierta en el sur del Líbano la comunidad chiíta, con una profunda vocación de justicia. El ingreso a la historia del chiísmo libanés cooincide con el punto de máxima expansión ideológica de la Revolución Islámica Iraní. Ello no puede sino renovar -después de un muy largo período histórico- el interés -ahora vital- de Teherán por el Mediterráneo oriental. Es así que el interés geopolítico iraní es requerido y "tironeado" desde los dos extremos marítimos de la región: desde el Índico y desde el Mediterráneo, al mismo tiempo.
Hoy los actores directos del conflicto del Medio Oriente se han multiplicado cuantitativamente, y además se ha complejizado hasta el límite el propio escenario del conflicto. La implosión soviética liberó Estados, naciones, tribus, etnias y culturas en el amplio espacio del Asia Central musulmana. De tal manera que ese mapa es hoy, particularmente allí, radicalmente distinto al de la época del mundo bipolar. Es asimismo lo contrario del mapa del "mundo global". Es un nuevo mapa, inédito en la historia, cuyas fronteras están fuertemente tensionadas hacia una búsqueda de la máxima identidad, dentro de la cual se debe comprender las crisis de crecimiento del mundo musulmán en su totalidad, la del espacio ario-védico-hindú y el correspondiente a la raza-cultura sino-confusiana.
En las mismas puertas de la Europa del sureste está la primera contradicción representada por la reislamización de Turquía, el paradigma de lo que fue la modernización oriental en los comienzos de este siglo XX (primera derrota de las "potencias centrales" europeas). Turquía es una de los casos que muestran el insólito paralelismo entre ambos extremos de la larga guerra civil europea de treinta años, ya que Turquía y las enormes contradicciones que encierra su actual situación política, su especialísima ubicación geográfica (frontera euroasiática) y su insostenible posición estratégica dentro de una OTAN cada día más carente de contenidos, es también el extremo occidental de una masa terrestre fuertemente influenciada por la geopolítica del Océano Índico (perfectamente diferenciada de los grandes espacios ruso-chinos, pertenecientes a la dinámica del Océano Pacífico).
Pero la importancia de Turquía no finaliza en el Mediterráneo Oriental. Turquía se proyecta en profundidad en el Asia Central musulmana y turcófana, porque es un Estado que también representa una forma de gestionar el Islam contrapuesta no sólo con el chiísmo iraní, sino además con otras muchas corrientes musulmanas. También en este caso el Islam se convierte en un vínculo político y geopolítico de primerísima importancia.
La influencia del Índico sobre el Mediterráneo Oriental es un tema bien conocido por los geopolíticos israelíes. Es por ello que se encontraban capacitados para intentar establecer una conexión estratégica con el movimiento induísta (hinduidad) en paralelo a la alianza militar con Turquía.
La masa marítima predominante en el Asia Central continental es el Índico y no el Pacífico. Las grandes obras de infraestructura que hoy está encarando la República Islámica de Irán tienden a unir las aguas de las costas del Golfo con las tierras del interior del Asia Central, al mismo tiempo que la estrategia de Teherán está cada vez más engarzada con el Mediterráneo Oriental, a través de Siria y Líbano. La relación tierra-mar dentro del espacio musulmán es hacia el Índico y hacia el Mediterráneo, y no hacia el Pacífico. Es por ello que la conexión de las Cuencas del Índico y del Pacífico, a través de la tierra, actualmente en curso, "rutas de la seda" y otras, es uno de los proyectos geopolíticos más importantes que se haya encarado en la historia de la humanidad.
Pero el Índico ario-védico, ahora bajo una inédita forma de hinduidad, es también una amenaza en otros tiempos inexistente para el espacio árabe-musulmán. Sólo el Estado persa-iraní puede actuar, en este caso, como amortiguador de conflictos. Y ello tanto por su ubicación geográfica cuanto por el componente racial -ario-persa- de su sociedad. Paradógicamente la identidad india, la hinduidad, emerge en el escenario regional como un factor claramente antimusulmán y, por lo tanto, coyunturalmente favorable al desarrollo de alianzas con el Estado judío.
El desprendimiento de un gran segmento geográfico del Asia Central del ex espacio soviético también produjo una mutación poco menos que irreversible en la antigua concepción zarista orientada hacia la expansión territorial en dirección de los puertos de "aguas calientes". El Asia Central, como unidad geopolítica crecientemente diferenciada, representa una alteración profunda de las viejas tendencias geopolíticas de las antiguas potencias blanco-europeas.
El Asia Central, entendida como el espacio físico y político comprendido entre el Oriente Medio y China y como región potencialmente independiente, engancha muy bien con la lógica de la geopolítica alemana clásica. Se trata de una región que ha sido visionada de una manera muy concreta en el pensamiento del general Haushofer. Este es un punto de la máxima importancia al que ya hemos hecho referencia.
Como toda región geopolítica que aún se encuentra "en construcción", el Asia Central musulmana es altamente inestable. La percepción de esa inestabilidad por parte de Washington es un elemento muy importante en la cada vez más compleja articulación que existe entre los EUA e Israel, y que determina las mutaciones constantes de lo que en un trabajo anterior habíamos llamado el "tercer Estado" interpuesto entre EUA e Israel: el lobby judío-(norte)americano. Se trata de un grupo que concentra un extraordinario poder que está cada vez más diferenciado de los intereses "nacionales" de los EE.UU.
Ante el crecimiento del polo calvinista del lobby judío-norteamericano vuelve a ser necesario señalar las diferencias históricas entre calvinismo y luteranismo. Hoy el luteranismo se convierte una vez más en la fuente del renacimiento del nacionalismo alemán, mientras que el calvinismo contemporáneo sella su alianza original con el judaísmo. Las relaciones entre política y religión son dinámicas y reflejan con toda exactitud las pulsaciones más profundas de las estrategias en pugna.
Aplicando este razonamiento a la "falla" existente entre los espacios hindú (hinduidad) y musulmán, vemos que sólo los persas tienen elementos comunes con ambas culturas: raciales con la "nueva" India ario-védica, y religiosos con el resto del mundo musulmán. Se sobreentiende que el concepto "elementos comunes" tiene también un dimensión geopolítica y económica, además de racial y religiosa.
Pero ese lobby judío-norteamericano no es ajeno a la crisis intra-judía. Se diferencia y se enfrenta -a sí mismo- en la exacta medida en que la crisis intra-judía se desarrolla. El lobby judío-norteamericano liberal-sionista de la Costa Este ya representa un sistema de intereses muy distinto al lobby judío-calvinista, el sionismo-evangélico norteamericano. La propuesta de restaurar las relaciones entre Washington y Teherán no es un factor ajeno a esta situación ni es una iniciativa sustentada sólo por Irán.
La sociedad persa-shií es el enemigo estratégico y teológico de Tel Aviv y no tanto el enemigo de Washington. Esta diferenciación sólo cobró un perfil inequívoco a partir de la crisis del llamado "Plan de Paz". A partir de ese momento Teherán actúa de elemento compensador en la crisis entre el Likud y el Partido Demócrata norteamericano, para mencionar a esa crisis a partir de su perfil más bajo. Y no sólo Irán se coloca en esa franja de "compensación" ante los desequilibrios geopolíticos provocados por el Estado judío, en ella también están, aunque parezca paradójico, los palestinos de la OLP. En el futuro esa franja será más amplia cuanto mayor sea la distancia entre los sectores laicos-sionistas y los sectores fundamentalistas del judaísmo, y sus aliados naturales respectivos dentro de la potencia hegemónica. Es un nuevo espacio de la política mundial que podría devenir en mortaja para los más débiles.
Ambos polos del lobby judío-norteamericano determinan, simultánea o alternativamente, tanto la política (norte)americana sobre Israel cuanto la política israelí sobre los EUA. Parte de la campaña electoral norteamericana ya se desarrolla en Israel (Partido Republicano), y parte de la política interior israelí tiene por objetivo el electorado norteamericano (Netanyahu versus Clinton).
Este reposicionamiento persa sobre el Mediteráneo tiene naturalmente una muy larga historia. En la actualidad se reinició impulsado por el factor religioso. Pero de inmediato los actores percibieron que la política iraní se encuentra y encaja estratégicamente con el (decreciente) poder sirio, derivado sobre todo de su enorme valor de posición y de situación contiguo al Estado judío. Siria es un Estado oficialmente laico que gobierna una sociedad mayoritariamente islámica. Con la particularidad que el núcleo de poder de ese Estado -el ejército- está comandado -desde la revolución baasista- por oficiales alauitas, con muchas similitudes teológicas con el chiísmo. Pero sobre todo está ubicado en una región clave, desde la cual se pudo influir sobre el desarrollo de numerosas civilizaciones, a lo largo de una larguísima historia.
El alauismo, también llamado nosairismo, es una visión del Islam de origen shiíta. Ha jugado y juega un rol político capital en la Siria moderna. En el siglo IX Ibn Nasair propaga por la Mesopotamia una doctrina compleja que enriquece y desarrolla la teología shiíta. Los alauitas son perseguidos y buscan refugio en el norte de Siria, instalándose en Latakie y en las montañas del Jebel Ansariyé. En 1317 ensayan una insurrección que es aplastada. Se repliegan sobre ellos mismos, a la defensiva, y son aislados por del resto de la Umma islámica, que los consideran herejes. Sin embargo resisten innumerables campañas de persecución que lanzan contra ellos los diferentes poderes sunnitas. Hacia 1922 (Mandato francés) representaban el 12% de la población. La influencia que el alauismo tiene dentro del actual ejército sirio, y que ya no tiene en absoluto ninguna connotación anti-sunní, es el producto de un proceso histórico muy complejo que no es posible analizar aquí.
La política israelí se ha basado en el presupuesto de que es posible desintegrar al mundo árabe, y no sólo al Líbano, a partir de su fragmentación en "pequeños reinos confesionales", todos ellos controlados por un poder centralizado en una Jerusalén plenamente judaizada. Este hecho ha inhibido a muchos autores sinceramente amigos de los árabes a no hablar sobre los problemas confesionales. Pienso que ello es un error. En primer lugar porque ellos realmente existieron (y, en otra dimensión, aún existen) en la historia del mundo árabe y son perfectamente conocidos por los estrategas israelíes (al respecto existe una extensa bibliografía de autores judíos). Pero fundamentalmente porque en la actualidad están recibiendo un tratamiento políticamente correcto por parte de todos los gobiernos árabes, ya sean ellos musulmanes o laicos, con en el caso sirio. Ya nadie habla de confrontaciones interconfesionales en el momento actual. La pertenencia a la "nación árabe" y/o la pertenencia a la religión musulmana, es hoy el valor predominante y, por fin, compatible. Y esto es algo que el autor de este trabajo comparte plenamente, pensando, por ejemplo, que la unidad alemana actual no se verá afectada por ningún análisis histórico que se realice sobre la guerra de los 30 años. La estrategia israelí fundamentada sobre la desintegración confesional de los Estados árabes vecinos fue definida de la siguiente manera: "Las estructuras étnicas de Siria la exponen a un desmantelamiento que podría permitir la cración de un Estado chiíta a lo largo de la costa, de un Estado sunnita en la región de Alepo, de otro en la región de Damasco y de una entidad druza que podría constituir su propio Estado -puede ser sobre nuestro Golán- pero en todo caso con el Huran y el norte de Jordania...Un tal Estado sería a largo plazo una garantía de paz y de seguridad para la región. Es un objetivo que ya está a nuestro alcance" (Kivunim, Nº 14, julio de 1982, Jerusalén.
La confluencia sirio-iraní en el Mediterráneo sur-oriental es un hecho que tendrá, de cara al futuro, una enorme trascendencia. En primer lugar porque se realiza sobre la base del reconocimiento de las tres partes -Teherán, Damasco y Beirut-Baalbek- de que Siria es el elemento dirigente - en el flanco mediterráneo-oriental- de esta alianza árabe-persa del mundo árabe-musulmán. De la misma manera que Irán es el elemento hegemónico dentro de la totalidad del sistema Mediterráneo-Golfo Pérsico-Índico.
Esto sí parace haberlo comprendido la Unión Europea "Nosotros tenemos una absoluta necesidad de lograr un nuevo punto de partida con Irán, por eso es que no habrá ruptura de relaciones diplomáticas, lo que constituye una posición común de todos los europeos" (Klaus Kinkel, en Luxemburgo, el 29 de abril de 1997). La posición de Teherán respecto de la crisis suscitada por el "juicio de Berlín" fue sumamente crítica con Europa. "La actitud de Europa confirma que ella no puede ser el socio comercial más importante para Irán". A partir de allí los dirigentes islámicos buscan un reequilibrio de fuerzas dentro de Asia, aunque reconocen que "... la Unión Europea desea mantener relaciones cordiales con Teherán (pero que) desgraciadamente está sometida a la presión norteamericana e israelí". "No nos interesa mantener un canal unilateral con Europa que sólo le permita imponer sus puntos de vista a Irán... Los europeos deben saber que no tenemos necesidad de ellos ...y que las representaciones diplomáticas europeas sólo sirven para albergar espías y gentes indeseables" (Fuentes: Tehran Times y Jomhouri-Islami, última semana del mes de abril de 1996). Se supone que esta posición se va a modificar a partir de la presidencia de Jatamí.
La importancia histórica y geográfica de la "plataforma giratoria" siria, según Toynbee, ha sido enorme durante milenios:
El caso de Siria ha sido aun más extraordinario. Para empezar, en e inmediatamente alrededor del Creciente fértil, las civilizaciones se apiñaron en áreas muy próximas. Siria quedó repartida entre los hogares de las dos civilizaciones más primitivas: la sumeroacadia, en el Irak, y la egipcia, en el valle inferior del Nilo. Asia Menor, cuna de la civilización hitita, satélite de la sumeroacadia, se asoma a Siria por el Norte. Siria está asimismo abierta a las incursiones de los nómadas de Arabia y a los navegantes del Mediterráneo. Los éxitos sirios en la creación de una civilización propia característica, que ha dejado una huella profunda en la subsiguiente historia de la humanidad, constituye una notable proeza. La medida de la realización cultural siria viene dada por sus vicisitudes políticas, que sobrepasan las sufridas por la cuenca del Oxo-Yaxartes. En el tercer milenio, los imperios surgidos en el mundo sumeroacadio y en el egipcio ocuparon el norte y el sur de Siria, respectivamente, de vez en cuando, sin entrar en colisión. En la segunda mitad del segundo milenario, los egipcios ocuparon primero toda Siria hasta alcanzar, por el Nordeste, la curva occidental del río Éufrates. Entonces se vieron forzados a repartirse Siria con los hititas, pero aunque los egipcios dejaron una huella política más profunda que los arcadios, fue mayor la influencia cultural de la civilización acadia en el segundo milenio.
Durante este milenio, una civilización siria característica estaba luchando por nacer. Por fin, tuvo su oportunidad merced a una Völkerwanderung (migración) que cayó sobre Levante desde Arabia., Europa y el noroeste de África a la vez. Egipto, Asiria y Babilonia quedaron fuera de combate por el momento, y en el vacío espacial y temporal floreció una civilización siríaca. Contaba con una rica herencia, surgida de fuentes acadias, egipcias, egeas e hititas. Fue creadora desde el punto de vista cultural y estuvo desunida políticamente, como su contemporánea la civilización helénica. Los sirios inventaron el alfabeto, realizaron viajes por mar que empequeñecieron los que nos consta hicieron sumerios y egipcios, y en el ámbito de la religión llegaron al monoteísmo, lo cual representó una hazaña espiritual e intelectual.
La duración de la independencia política de la civilización siríaca fue breve, y todas las comunidades, excepto los samaritanos y los judíos, perdieron el sentido de la identidad común, tras la destrucción del Imperio aqueménida por los helenos. Pero el "compuesto cultural" depositado por la mezcla de los restos de las civilizaciones siríaca y helénica desintegradas, resultó ser de la máxima fertilidad. En este suelo germinaron las civilizaciones cristiana ortodoxa, occidental e islámica, mientras que Siria pagó una vez más el precio político de ser la "encrucijada" más activa en el mapa del Viejo Mundo. A partir del siglo VIII a. de J.C., Siria fue incorporada a una serie de Imperios, o dividida entre ellos: asirio y su Estado sucesor, el Imperio neobabilónico; aqueménida y sus sucesores tolemaico y seléucida; romano y árabe; el califato fatimita y el Imperio romano de Oriente; los principados latinos y sus vecinos islámicos; el Imperio otomano y sus sucesores los Estados árabes e inraelí. Sólo dos de esos Imperios -el seléucida y el omeya- han sido gobernados desde una capital situada en el territorio sirio. Sólo en tres ocasiones Siria ha vuelto a ser, en el plano polìtico, un complejo de Estados locales independientes entre sí. Esto sucedió en los intervalos entre la decadencia de los Seléucidas y el ataque romano, entre el declinar de los Fatimitas y el surgimiento de los Ayubitas, y tras la disolución del Imperio otomano a raíz de la primera guerra mundial. Sin embargo, a través de todas estas vicisitudes políticas, Siria ha desempeñado un papel rector en los asuntos humanos desde el tercer milenio antes de nuestra era, y tal vez desde el fin del último avance glaciar.
Fuente: El Estudio de la Historia.En Occidente existe una bibliografía abundante sobre Siria, no siempre favorable al régimen baasista (7). Siria, a pesar de la indigencia de su sistema político, de su crisis ecómico-social galopante y de la parálisis mental de sus funcionarios, es aún el elemento dirigente en el flanco Mediterráneo Oriental, porque aún mantiene un sólido liderazgo (Assad) y por una acumulación sucesiva de hechos objetivos, entre otros:
*La posición histórico-geográfica de Siria, su potencial militar y su extraordinario crecimiento demográfico. La dinámica demográfica contrasta notablemente con el estancamiento político y económico. De 1963 a 1995 la población Siria pasa de 4,9 millones a 15 millones de habitantes. En 1963, año en que el Baas asume el poder, Damasco contaba con 675.000 habitantes, contra los actuales 2.000.000. El 48% de la población tiene menos de 15 años. La tasa actual de crecimiento anual de la población es del 3,5%, factor que la duplicará en los próximos 22 años.
*Su "relación especial" con Líbano y, en general, con el espacio histórico cananeo-palestino [Sobre la relación Siria-Líbano ver: Noami Joy Weinberger, Syrian intervention in Lebanon: the 1975-76 civil war, Oxford University Press, Nueva York-Oxford, 1986. Noami Joy Williams, Intervention by Syria in the Lebanese Civil War of 1975-1976, Ann Arbor, Michigan, Columbia University, 1981].
*Su política dura respecto de Israel -Golán-, no carente de extraordinario flexibilidad en algunas circunstancias.
*Su ideología baasista (socialista).
*La preeminencia del alauismo en la oficialidad militar (es decir, la idea de "dinastía").
*La capitulación de Egipto en Camp David.
*La situación del régimen de Sadam Hussein.
*Su control sobre el frente militar y cultural del sur del Líbano-Galilea (shiísmo versus judaísmo).
*La capitulación de la OLP.
*Su constante apelación a la unidad de la "nación árabe".
La alianza árabe-persa actualmente planteada y en proceso de desarrollo tiene un componente militar de suma importancia, tanto en lo estratégico como en lo tecnológico. Irán se ha convertido en la profundidad defensiva del ejército sirio. En su auténtica reserva estratégica. Mientras que Siria es el frente Mediterráneo del potencial iraní (8). Una situación inaceptable para Israel. Esta alianza es un ejemplo casi de laboratorio que demuestra -una vez más- que los factores político-culturales pueden torcer el curso del "determinismo" étnico y geográfico.
Del fracaso de la paz, a la "pacificación" Cuando comienza el llamado "plan de paz" (Madrid-Oslo) la sensación predominante en la opinión pública occidental y, aún, en la del mundo árabe e Israel, es la de un optimismo inmoderado, aunque la realidad desmentía sistemáticamente ese estado de irrealismo al que habían sido conducidas las sociedades, especialmente en Occidente. "Sólo la formidable potencia del sistema mediático internacional... permite ignorar este dato fundamental. El observador es impulsado a pensar que los movimientos islamistas que practican la violencia terrorista no son más que residuos (del pasado) dentro de un orden regional nuevo... Una abundante y repetitiva literatura sobre las especificidades de los movimientos islamistas... contrasta con la indigencia de informaciones sobre el funcionamiento efectivo de las sociedades árabes... El análisis de los sucesos de los últimos años en el Próximo Oriente muestra como la Realpolitik de las potencias puede carecer totalmente de realismo, ya que sus efectos sobre el terreno se convierten en fuentes de nuevas tensiones, de desestabilizaciones cada vez más profundas" (Georg Corm, Le Proche-Orient Éclaté - II. Mirages de la paix et blocages identitaires 1990-1996, La Décuverte, París, marzo de 1997).
Así, las acciones de Occidente sobre el Oriente Medio, basadas todas ellas en la falsa percepción de que la sociedad israelí carece de tensiones internas insuperables y que, por lo tanto, esa sociedad es totalmente asimilable a una democracia posindustrial normal, es decir, pacífica; esa pretensión fue lo que condujo a la imposibilidad de la paz. Esa estrategia occidental fue la que provocó el reemplazo de la paz por su contrario, la "pacificación". "Esa pacificación de las poblaciones (árabes, muchas veces impuesta por la propia dirigencia árabe, algunas de ellas aliadas incondicionales de Israel) se apoya cada vez más sobre los regímenes políticos (árabes) que los Estados Unidos y Europa sostienen para obtener sus propios objetivos regionales"
Resulta curioso pero no sorprendente que justo en este momento el poder mediático occidental le recuerde a la "opinión pública" que en Israel existe la tortura institucionalizada, algo que siempre se silenció en la medida de lo posible. El 9 de mayo se difundió por agencias de prensa la apelación del Comité de las Naciones Unidas contra la Tortura a "cesar inmediatamente su aplicación" en Israel y territorios ocupados. La noticia incluye asimismo la denuncia de Paul Burns, redactor del Comité, contra la "legitimación" de la tortura ("métodos crueles, inhumanos y degradantes") realizada en noviembre de 1996 por la Corte Suprema de Justicia de Israel (Fuente: LOrient-Le Jour, Beirut, 10 de mayo de 1997, p. 16. Ver asimismo: Presos políticos palestinos en Israel y Áreas Autónomas, editado por el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, Madrid, febrero de 1997). Hoy en Oriente Medio hasta las piedras saben que existe un proyecto israelí, ya planificado hasta en sus más mínimos detalles, para "trasladar" a la totalidad de la población palestina de Cisjordania hacia Jordania. Y que ese proyecto de limpieza étnica cuenta con el OK del rey Hussein y, por supuesto, con el del Departamento de Estado de los EUA.
La hipocresía del pensamiento occidental sobre esta cuestión, se refleja en un "editorial" publicado por El País de Madrid, el día 14 de mayo de 1997, bajo el título "Cambio de juego". La idea es que Netanyahu cambió las "reglas de juego" irracionalmente aceptadas por la "comunidad internacional" en Madrid-Oslo; por lo tanto ahora la "comunidad internacional" deberá adaptarse a ese cambio de los humores teológicos de la mafia Likud. Estamos hablando de la misma "comunidad internacional" que "consensuó", en épocas recientes, feroces bombardeos contra poblaciones civiles para castigar a gobiernos que habían desafiado con mucho menor intensidad a la "comunidad internacional". Ahora, naturalmente, "Washington no se atreve, por razones internas, a presionar a Israel... para que suspenda esos nuevos asentamientos, pero está claro que habrá que reinventar un camino hacia la Paz.". El hiperjudaísmo es el amo del juego en el mundo Occidental.
Geopolítica del conflicto: mecanismos de "pacificación". El factor "ejército turco" El ejército laico turco reaparece en la escena de la mano del pilar norteamericano de la "nueva" OTAN. Su aliado natural es el Estado de Israel, y su enemigo central, Siria y el régimen del presidente Hafez al-Assad.
De tal manera que Damasco es, desde hace muchos años, el camino obligado, en el punto de paso de la estrategia defensiva árabe-persa, por un lado, y de la estrategia ofensiva israelí-ejército turco-EUA, por otro. Siria es, entonces, y una vez más a lo largo de una historia que debe ser datada en decenas de milenios, la frontera real, el centro de gravedad del amplio conflicto que actualmente se desarrolla en un vasto escenario estratégico, que tiene como actores primarios regionales a la propia Siria, a Israel, al Líbano (Hezbollah), al ejército turco y a Irán. Y como actor primario extrarregional a los Estados Unidos de Norteamérica. Y como actor secundario, o de reparto, a la llamada Unión Europea.
La situación que hoy vive la Unión Europea incapacita absoluta y radicalmente a esta región del mundo para jugar un papel activo en la crisis permanentemente incrementada que se desarrolla día a día dentro del escenario estratégico que estamos analizando, desde el extremo oriental del Mediterráneo hasta las masas continentales de la Cuenca del Índico. Es evidente que Europa no puede hoy jugar un papel militar activo en el Mediterráneo; tampoco podrá desarrollar una acción político-diplomática medianamente efectiva, en las actuales circunstancias límites. La OTAN se escindirá una vez más, como en Bosnia, entre sus dos componentes: el norteamericano y el europeo. Es decir, Europa necesita más que nadie la mediación de Irán en la zona; de todo su enorme peso geopolítico puesto al servicio de la estabilización regional. Pero para que exista estabilidad en la zona debe haber un freno total del expansionismo israelí. Es decir, se debe pensar en la desaparición del Estado judío, que es impensable sin fundamento teológico, esto es, sin proyecciones expansivas.
Los tiempos se acortan de manera vertiginosa. La ofensiva militar israelí contra Siria, en la primera fase, que es siempre la del discurso, ya ha comenzado (9). El fracaso de la paz conduce necesariamente a la pacificación. Y la pacificación, para el componente norteamericano de la OTAN, conllevaba, hasta hace muy poco tiempo, la exigencia de la neutralización del potencial militar sirio, a pesar de que éste se comportó siempre como elemento de moderación en la región. Este es el núcleo de la cuestión: existió un grupo mesiánico judío muy fuerte dentro del actual gobierno demócrata norteamericano, ese grupo está ahora fracturado y enfrentado entre sí. Ello explica el "reversement des alliances" practicado por Washington en junio de 1998. La Administración demócrata juega la "carta iraní" porque su conflicto con el fundamentalismo judío es ya insostenible.
Dentro del mecanismo de pacificación que se está montando, el ejército turco, con el total apoyo del brazo norteamericano de la OTAN (10), está destinado a jugar un rol esencial en esta estrategia anti-Siria, aprovechando antiquísimas desconfianzas mutuas y varias disputas fronterizas aún pendientes. Ya se realizaron maniobras militares conjuntas entre las fuerzas terrestres y aeronavales de Estados Unidos, Turquía e Israel, que tuvieron como escenario "algún lugar" del Mediterráneo oriental. En una de ellas el ministro de asuntos exteriores libanés, Farès Boueiz, se mostró inquieto "por la alianza estratégica que se diseña entre los Estados Unidos, Israel y Turquía", en alusión a las maniobras del Mediterráneo. Para el ministro libanés esas maniobras "revelan una alianza político-militar destinada a agredir las posiciones de ciertos Estados árabes". Y finalmente subraya: "Nosotros pensamos que Turquía tiene un pasado lleno de intereses comunes con los árabes en todos los campos y que ella no debe otorgarle a sus relaciones con Israel una profundidad que la convertirá en parte activa de una agresión contra un Estado Árabe." (Fuente: LOrient-Le Jour, Beirut, 8 de mayo de 1997, p.16). Unos 100.000 árabes musulmanes alauitas viven en la región de Alejandretta, actual provincia turca. Desde hace años Ankara viene realizando grandes obras hidráulicas sobre el nacimiento del Éufrates, que afectan el curso sucesivo del río dentro de territorio sirio y las obras de irrigación existentes o proyectadas. Existe además el problema kurdo (PKK).
Para ello existe un intenso y múltiple intercambio de Inteligencia entre Israel y el ejército turco, que incluye, entre otras cosas, información técnica sobre el Mig 29 (a cambio de obtener contratos de modernización de material militar turco, aeronáutico, terrestre y naval), ya incorporado a la fuerza aérea siria. Israel dispone de tres ejemplares del avión que actualmente se fabrica en Bielorusia. Los detalles técnicos de esa aeronave fueron comunicados a los responsables militares turcos. Los acuerdos de cooperación militar entre Turquía e Israel se firman el 23 de febrero de 1996. En abril de 1996, mientras Israel bombardeaba el sur del Líbano (matanza de Qana), al mismo tiempo realizaba ejercicios aéreos conjuntos con la fuerza aérea turca, en las proximidades de Ankara.
Todas estas manipulaciones político-militares y estratégicas se realizan invocando la defensa de la democracia y de la laicidad del Estado (turco). Y explicitando a cada paso que de lo que se trata es de destruir al gobierno sirio quien, según el ministro turco de la defensa, Turhan Tayan, se "... ha convertido en el cuartel general del terrorismo que agrede a Turquía y a Israel, ya que Irán sostiene ese terrorismo" (Fuente: AFP, 4 de mayo). Total coincidencia con el señor Netanyahu: "La cooperación militar entre Israel y Turquía debe ser incrementada para hacer frente a la amenaza del terrorismo y asegurar la estabilidad de la región".
"Pacificación" y conflicto El comportamiento internacional y regional de Siria, bajo la conducción del presidente Hafez al-Assad, es perfectamente conocido. Desde la firma de los acuerdos de Camp David, es decir desde la capitulación de Egipto, hasta las "conversaciones" de Oslo, la posición Siria fue la de evitar compromisos irreversibles con Israel, que es un Estado que se caracteriza por no cumplir ninguno de sus compromisos. Hasta este momento todo compromiso con el Estado judío implicó una fuerte crisis para la parte negociadora árabe, porque ellos se hicieron, y no podía ser de otra manera, a la medida de la estrategia israelí. Hafez al-Assad sabe muy bien que un pacto con Israel en las condiciones impuestas por Israel significaría el fin de su régimen, o lo que es lo mismo, la desaparición de Siria como potencia militar regional. Que ha sido, en definitiva, la espectacular transformación introducida por su gobierno, junto al logro de tranquilidad y estabilidad interior.
Son precisamente esos dos grandes logros los dos grandes obstáculos que la Israel mesiánica de Netanyahu necesita eliminar. Sin la Siria actual el Estado judío sería el dueño absoluto de la totalidad del mundo árabe con fronteras con el Estado judío. Entre el señor Netanyahu y su mesianismo agresivo, político y teológico, está interpuesta la figura histórica de Hafez al-Assad.
Siria ha pasado por situaciones difíciles en los últimos tiempos. Ni en Camp David ni en Oslo -para volver a recordar sólo dos de ellas- Damasco careció ni de disposición ni de capacidad de negociación. Sólo que los términos negociadores israelíes eran inaceptables, porque significaban la rendición, es decir, la desaparición del régimen baasista (11).
Hafez al-Assad aceptó inclusive mantener contactos extraoficiales y bilaterales con los israelíes. El último de ellos -al menos de los conocidos- fue la reunión que mantuvieron en Washington (22 de diciembre de 1994) -es decir, con presencia americana- los generales Hikmet Chéabi, jefe del estado mayor sirio, y su homólogo israelí, Ehud Barak. Allí se discutieron problemas de seguridad existentes a lo largo de la frontera entre los dos países. Al poco tiempo los sirios consideraron inaceptables las proposiciones israelíes, basadas en que, por cada 1 km2 desmilitarizado en su parte territorial, existieran 9 km2 desmilitarizados en la parte siria de la frontera. Fin de la negociación.
Hoy más que nunca, los territorios del Golán representan y simbolizan la resistencia de la nación árabe ante el expansionismo mesiánico israelí (Ver Mapas). Esa resistencia no es meramente simbólica, sino que expresa un hecho fuertemente arraigado en la sociedad siria y árabe en general. Ninguno de los 16.500 habitantes sirios que aún viven bajo soberanía judía en el Golán quiso aceptar la ciudadanía israelí. Este es uno de los grandes valores morales del régimen baasista. Sus 1.675 km2 (donde hay instalados 13.000 prósperos colonos israelíes nucleados en 33 asentamientos) de superficie constituyen, además, un enclave estratégico de una importancia capital.
Si Siria renuncia tanto al mito como a su potencialidad estratégica -que es el objetivo de la política israelí- sufriría una fractura interior irreversible. Y quedaría eliminado el último gran obstáculo existente ante el expansionismo judío-mesiánico en el Mediterráneo oriental. Las presiones militares tripartitas actualmente en curso (Israel, EUA y ejército turco) tienen de hecho por objetivo reducir ese último "obstáculo" con la "pacificación" de la región.
La "pacificación", esto es, la acción militar represiva, resta hoy en día como la única estrategia posible ante el fracaso sistemático de todos los acuerdos y pactos realizados en los últimos años entre los EUA y un grupo determinado de potencias locales, todos ellos orientados a estructurar, en todo el mundo, una serie sucesiva de nuevos órdenes regionales, entendidos como los eslabones de una cadena llamada nuevo orden mundial. La opción al fracaso de esos acuerdos locales es la "pacificación".
En los Balcanes vemos día a día cuál es la evolución de los Acuerdos de Dayton (noviembre de 1995). La pretensión de crear en Bosnia-Herzegovina un Estado multirracial (existe un fuerte paralelismo con algunas ideas que surgieron sobre Palestina entre Madrid y Oslo) está derivando hoy hacia una nueva catástrofe racial. Ninguna de las "instituciones comunes" multirraciales creadas funcionan y todo parece conducir a que la única alternativa para soslayar una próxima guerra balcánica parece ser la división étnica definitiva entre dos Estados "grandes" (Serbia ortodoxa y Croacia católica) y uno "pequeño" (Bosnia musulmana). Simplemente el "nuevo orden mundial" no funciona en ninguna región del planeta. Ni siquiera en Europa, donde nos encontramos ante una doble crisis, francesa y alemana: las más agudas desde la "Liberación" de Europa. Fuera, por el momento, de Europa, la "pacificación" es la opción inexorable a la paz.
El presidente Hafez al-Assad tiene hoy menos opciones reales que en otras coyunturas críticas de la historia. La alternativa a la "pacificación" es la aceptación de que es necesario convivir con un conflicto permanente, y ganar tiempo incrementando el campo de los aliados y explotando las crisis que seguramente estallarán en el campo del enemigo (en Turquía -poder civil islamizado versus poder militar otanizado- y dentro de la propia sociedad israelí). Todo ello sobre la base del incremento permanente del potencial militar disuasivo propio. El presidente sirio es un maestro reconocido en el manejo de situaciones límites. Pero debemos recordar, sin embargo, que hoy hay un nuevo actor en el escenario: la agresividad expansionista del mesianismo judío.
El mesianismo o fundamentalismo judío pretende incrementar la política establecida por el sionismo. El objetivo del mesianismo es la destrucción del oponente árabe-musulmán, y no sólo su mero debilitamiento. Michel Gurfinkiel (Israël, géopolitique d'une paix, Michalon, París, 1996, ps. 270-71) explica muy bien el fundamento teológico de esa estrategia:
"¿La paz con su enemigo? Seguramente, pero con su enemigo vencido. Fue necesaria la invasión hasta el corazón del Reich, la destrucción de Berlín, los horrores de la ocupación rusa, para que Alemania, después de 1945, aceptara la paz, a la vez rigurosa y generosa que le ofrecieron los americanos y sus aliados occidentales. Ha hecho falta Hiroshima y Nagasaki para que Japón aceptara transformarse en imperio comercial. Ha hecho falta, a la vez, la Iniciativa de Defensa Estratégica ("Guerra de las galaxias") y Chernobil... para que la URSS,... renunciara a aquella lucha final para la que había sido programada por Lenin y Stalin, y por Iván el Terrible y Pedro el Grande. Israel se impondrá al mundo árabe e islámico en la medida exacta de su fortaleza. Si el Estado hebreo no hubiese ganado la guerra de la independencia en 1948, el plan de partición elaborado por la ONU en 1947 no sería recordado hoy en día más que por algunos archivistas; si Israel no hubiese extendido sus fronteras en 1967, nadie hoy sostendría seriamente las líneas del armisticio de 1949; si no hubiese intensificado el poblamiento judío en Cisjordania y en Gaza, jamás habría surgido la idea de una administración conjunta palestino-israelí sobre esos territorios; si no se hubiese dotado de un potencial nuclear, jamás sus vecinos hubiesen aceptado ver en él un fait accompli".
Sin embargo queda pendiente la cuestión: ¿Cuán grande es el cambio en la estrategia (entre el sionismo y el nacional-judaísmo y cuán fuertes son sus elementos de continuidad? A esta pregunta nos lleva la lectura del voluminoso libro de Charles Enderlin, que -documentos sobre la mesa- demuestra la permanente y sistemática negativa de todos los gobiernos israelíes, a tratar con los árabes una paz de conjunto, que implicara la autonomía palestina, dentro del marco de las Naciones Unidas. Enderlin (Paix ou guerres. Les secrets des négociations israélo-arabes, 1917-1997, Stock, París, 1997, 730 pgs.) expone una larga lista de propuestas de negociaciones secretas de paz elaboradas por los árabes, que Israel rechazó o abortó sistemáticamente, siempre en instancias anteriores a una coyuntura dramática, que posteriormente condujo a los tan buscados hechos consumados israelíes. Casi todas las crisis entre Egipto e Israel estuvieron agravadas por la actitud del rey Hussein de Jordania. Antes de la guerra de 1973 mantuvo numerosos encuentros con jefes políticos y militares israelíes. En uno de ellos, fechado el 25 de setiembre de 1973, el monarca hachemita previene a sus interlocutores sobre la inminencia del ataque sirio-egipcio, que se produjo en el mes de octubre del mismo año (Enderlin, op,cit.).
Enderlin reproduce documentos que demuestran la permanente voluntad de todos los gobiernos judíos de colonizar la Cisjordania y la franja de Gaza. A pesar de ello la OLP acepta, ocho años antes de las reuniones de Oslo, también secretas y bilaterales, la iniciativa israelí de firmar un acuerdo sobre el principio de soberanía transitoria sobre los territorios ocupados.
Un ejemplo impresionante: un año antes de la "guerra de los seis días" el jefe del Mossad fue invitado a El Cairo por el propio Gamal Abdel Nasser para discutir un plan de paz... el gobierno Levy Eshkol rechaza la posibilidad del encuentro. "... Cuando Israel atacó en aquel entonces los Estado árabes no tenían ni siquiera la intención de atacar. Para ser breve quiero remitirme a las declaraciones que pronunciaron cuatro miembros del Estado Mayor General israelí (Rabin, Weizmann, Pedel y Bar Lev), quienes estaban convencidos de que no estaban expuestos a un ataque árabe antes de que estallara la Guerra de los Seis Días. La invasión israelí de los territorios árabes fue una vilolación del derecho internacional al igual que el ataque iraquí a Kuweit. Lerch escribe que el Presidente egipcio Nasser había "cerrado el Estrecho de Tiran para estrangular a Israel". Esta afirmación no es creible. Nasser declaró que el Estrecho de Tiran quedaría cerrado a todos los barcos israelíes y extranjeros que transportaran material bélico. Las estadísticas comerciales israelíes de 1966 muestran que, a excepción de suministros de petróleo, el cierre era prácticamente insignificante para Israel. En esa época, la Marina mercante israelí apenas utilizaba esa vía marítima, si es que la utilizaba. Si se iban a bloquear suministros de petróleo era una pregunta abierta. Para salir de la duda, el Pemier británico Wilson y el Presidente Johnson sugerieron pasos de barcos en plan de prueba. En caso de cierre, Israel debería haber tomado la ruta alrededor del continente africano -como antes de la guerra del Canal de Suez en 1956. Incluso en caso de un bloqueo por parte de los egipcios Israel no quedaría "estrangulada". Se supone que Nasser habría aceptado ese arreglo. En aquella época, Nasser subrayaba en sus discursos que no estaba dispuesto a tolerar el pabellón israelí en sus aguas jurisdiccionales. El motivo de la declaración de bloqueo eran las amenazas israelíes de derribar el régimen en Siria. Eso fue un duro desafío para Nasser. No sólo había firmado un pacto de defensa mutua con Siria, sino como caudillo del mundo árabe debía tomar cartas en el asunto contra Israel. Si Israel hubiese retirado las amenazas referentes a Siria, el motivo de una declaración de bloqueo habría desaparecido. A eso hay que añadir que Nasser sabía por experiencia propia que los árabes no podían competir militarmente con Israel. El gobierno israelí rechazó la sugerencia de compromiso. El embajador israelí en las Naciones Unidas comunicó al Presidente Johnson que Israel insistía en el paso de sus barcos. Seguidamente, Israel atacó". Fuente: Profesor Dr. Kenneth Lewan, Frankfurter Allgemeine Zeitung - 24-6-97.
Sea que prime la continuidad o bien la discontinuidad estratégica entre el sionismo y el nacional-judaísmo, ya no cabe la vieja táctica de "golpear para negociar", como se pretendió hacer a partir de la ofensiva militar del 6 de octubre de 1973. La decisión egipcia de buscar una paz unilateral con Israel fue determinante en esa coyuntura. La agresión militar del mesianismo judío puede además fundamentarse, ahora, en una tecnología militar desconocida en conflictos anteriores. La guerra de los misiles será el primer capítulo de un próximo conflicto. Sólo posteriormente serán movilizados los grandes ejércitos terrestres, blindados incluídos, o lo que quede de ellos (12).
2. IRÁN Y EL GOLFO PÉRSICO "La creencia en la inmortalidad de un Estado universal constituye una sorprendente alucinación que confunde una institución mundana con la tierra prometida; con la propia Civitas Dei"
Arnold Toynbee
El principal enemigo del "mundo global" Dadas las condiciones de inestabilidad vigentes, generadas por el comportamiento apolar del sistema internacional (Ver: El Estado Homogéneo Universal, en la Tercera Parte de este libro), los sucesos en el Mediterráneo Oriental deben ser relacionados con una probabilidad muy alta de que eclosione una nueva crisis de alcances globales, ya que asimismo abarcará el escenario geohistórico de la región del Golfo Pérsico, con centro de gravedad en Irán, que es el único territorio musulmán con influencia sobre la "nueva" India aria-védica.
La "carta iraní" que juega la Administración demócrata hacia mediados de junio de 1998 tiene el mismo fundamento económico y está orientada por los mismos principios estratégicos que marcaron, en su momento, la política de Washington hacia Rusia y hacia China. Irán hoy contituye el único segmento del mercado mundial aún no "globalizado". Muchos son los factores que inciden en afianzar esta perspectiva. Señalaremos los dos más importantes. En primer lugar la concepción globalizadora, que se ha convertido en hegemónica dentro de la política exterior de los Estados Unidos de América. En esta cuestión la inluencia del lobby judío/norteamericano ha sido decisiva. Para los "globalizadores", occidentales y no occidentales, Irán constituye hoy un obstáculo múltiple, porque es un segmento importante del mercado mundial, ya que:
*goza de un crecimiento demográfico sostenido;
*es un mercado relativamente autónomo;
*constituye uno de los centros de gravedad de una constelación de nuevos Estados Centroasiáticos con presencia simultánea en el Océano Índico (recordemos que en el Mediteráneo Oriental, Turquía se encuentra en un acelerado proceso de reislamización);
*mantiene relaciones fluídas y positivas con todas las potencias regionales (Pakistán, India, China y Rusia) y con otros grandes Estados con alta capacidad de re/polarización internacional futura (Alemania y Japón, particularmente);
*constituye un poder moderador respecto de Afganistán y otros conflictos de zona;
*dispone de una capacidad militar relativamente importante y de una impresionante historia pre-islámica y, sobre todo;
*porque aún representa, aunque de manera declinante, el fenómeno religioso/cultural más impermeable de cara a la posmodernidad occidental (13).
Todos estos factores se potenciaron notablemente desde los inicios del llamado "Plan de Paz" israelí/palestino, por un lado, y desde la eclosión nuclear en región del Índico. Es decir, ambas situaciones, una en el Mediterráneo Oriental y la otra en el Océano Índico, refuerzan el valor de posición de Irán, "fronterizo" con ambas.
El fracaso de ese "Plan" tuvo por virtud no sólo provocar un cisma nunca visto en el interior de la sociedad israelí; también dislocó profundamente al llamado "campo árabe". Ambos fenómenos tuvieron dos efectos simultáneos: reforzar la penetración de Tel Aviv sobre Washington, por un lado, y , por otro, realzar el rol geopolítico de Irán, una potencia musulmana no árabe que plantea un modelo cultural poco compatible con el globalismo [Samuel Huntington & otros no perciben la enorme fuerza resistente que puede desprenderse de la interconexión entre una historia Antigua e Imperial (la historia Persa en sus diferentes grandes etapas: aria, griega, mongólica, árabe e iraní) y una religión que es trascendencia y a la vez norma jurídica y guía de acción social].
La nuclearización de ambos segmentos de lo que en su momento fue el territorio británico de la India, el segmento musulmán (Paquistán) y el segmento hindú (India) realza significativamente la posición de Irán, quien dispone de vínculos importantes con ambos: religiosos con el primero, y raciales e históricos con el segundo (No se debería descartar que haya habido transferencia de tecnología nuclear israelí a la India, dos Estados (Paquistán es el tercero) no firmantes del Tratado de no Proliferación Nuclear). Es por ello que ante la opción "paz" o "pacificación", los EUA -a diferencia de Israel- hayan optado por la primera, lo que implica un largo proceso negociador muy similar al ya experiemntado con China. Pero en todo caso es la confluencia de ambos escenarios de conflictos (el del Mediterráneo y el del Índico) y la presencia desestabilizadora de Israel quien apura la decisión.
La opción que presenta el fundamentalismo judío respecto de Irán parece haber quedado descartada por Washington, al menos por el momento (Clinton aún resiste el desalojo; de allí la lucha del lobby judío por cooptar el poder dentro de la "potencia hegemónica). Y en ese giro estratégico Israel ha quedo muy expuesta, especialmente en su antiguo papel de potencia nuclear regional y principal socio de Washington. Para esta alianza el gran problema se originó en la solidez de la estructura de lo que podríamos llamar el "Modelo Iraní". Este "socialismo teológico" con vocación nacional es una concepción útil para muchas sociedades periféricas, en especial para las sociedades periféricas musulmanas que rodean y penetran a Israel. La solidez del modelo iraní es inversamente proporcional a la inviabilidad del "Plan de Paz" israelí/palestino. Esta relación es una de las grandes claves para el futuro de la región (14).
De todas formas la erradicación del modelo iraní, prevee acciones militares. Pero en el caso iraní no se conjugan los dos factores que hasta el momento han modificado la doctrina militar: capacidad de guerra virtual y presencia de "ejércitos contiguos". Israel no es un "ejército contiguo" respecto de Irán como lo es con respecto de Siria: de haberlo sido muy otros habrían sido los acontecimientos.
Sin embargo, lo inverso es cierto. Israel, de hecho, está afectada por una contiguidad militar con Irán, a partir del sur del Líbano-Golán (Hezbollah+Ejército sirio), lo que para ella representa un importante handicap estratégico.
La geografía, esta vez, ha producido una de las grandes debilidades de los globalistas. En rigor de verdad no existe alrededor de la República Islámica de Irán ningún ejército contiguo propiamente dicho, y puede descartarse su existencia futura dada la irrepetibilidad estratégica de la llamada "Operación Tormenta del Desierto", primer escenario de una acción conjunta entre guerra virtual y ejércitos contiguos. Ambos factores determinan una misma y única doctrina militar.
El mundo apolar, el Mediterráneo Oriental y el Golfo Pérsico El actual sistema internacional continúa en estado no de unipolaridad sino de apolaridad. En él no existe capacidad de decisión o, lo que es lo mismo, el poder material no puede traducirse en control político, salvo en circunstancias excepciones, cuando la totalidad del ambiente está dominado por una indecisión manifiesta.
La decisión en un mundo unipolar tiene un marco específico: el vacío geoestratégico provoca la inacción de otras grandes potencias y la inexistencia de un ejército contiguo con capacidad y, sobre todo, con voluntad, para actuar sobre el terreno. Los ejércitos contiguos (o sustitutos), finalmente, transforman la guerra virtual en operaciones militares convencionales, y vuelven a recordarnos todos los conceptos militares clásicos (derrota, victoria, conquista de espacio, táctica, estrategia, armamentos tradicionales y, sobre todo, relación hombre/arma).
Para que el sistema apolar actúe provisoriamente como sistema unipolar (como lo hizo en el caso balcánico) deben verificarse, entonces, dos condiciones básicas: la existencia de vacío geoestratégico (esto es, inexistencia de voluntades opuestas a la del polo hegemónico en el nivel de las grandes potencias) y presencia de ejércitos contiguos/sustitutos (esto es, ejércitos convencionales con intereses vitales en la región, dotados de la capacidad necesaria para tomar la decisión táctica). Los ejércitos contiguos son los que definen el conflicto que puede ser tratado por el polo hegemónico sólo a nivel de una guerra virtual (que a su vez tiene como marco externo la incapacidad o la imposibilidad de acción de un amplio conjunto de grandes potencias).
La impotencia rusa y la recíproca anulación de intereses -contradicciones entre los principales Estados de la Europa Occidental- fueron los principales elementos que conformaron el vacío geoestratégico antes mencionado. Ese vacío, y sólo él, es el que posibilita la acción unipolar del sistema. Así y todo existe una enorme diferencia estratégica entre las alianzas consolidadas en la llamada "Operación Tormenta del Desierto", y la imposibilidad de concretar alianzas en los conflictos actuales. Se trata de dos escenarios completamente opuestos. El futuro escenario, el que corresponderá a la eventual crisis en la región Mediterráneo Oriental / Golfo Pérsico / Océano Indico, será asimismo esencialmente distinto a los dos anteriores.
La apolaridad geopolítica tiene asimismo una vigorosa proyección en el campo de la epistemología. El pensamiento occidental enfrenta una crisis de ininteligibilidad, que sobreviene cuando desaparece, como es el caso, toda la estructura conceptual que tradicionalmente acompañó al racionalismo en su voluntad de comprenhensión. El mundo filosófico racional occidental se derrumba porque ya no existen ni certidumbres ni proyectos colectivos. Es decir ni Fe (lo Bueno enfrentando a lo Malo) ni solidaridad, ni lealtad.. Después de las mutaciones sociales, tecnológicas y geopolíticas sufridas en los últimos tiempos -en verdad, en un muy corto período de tiempo- el pensamiento occidental encuentra de que carece de un sujeto para hacer la historia, para oponerlo al "curso normal de los acontecimientos".
La guerra virtual y el "último hombre" Una guerra virtual es, sobre todo, una guerra a distancia. Busca producir víctimas en el oponente con casi ningún riesgo para las fuerzas propias. Es "virtual" sólo para el observador, para el operador de las armas y para el televidente que sigue la guerra a tiempo real. Para el agredido puede ser tan destructiva como cualquier guerra anterior. Pero finalmente no es una guerra que pueda producir decisiones: a partir de ella no se puede "destruir" -en términos clausewianos- a un ejército oponente bien instalado sobre el terreno y dotado de una fuerte voluntad de resistencia. Esas armas, en sus diseños actuales, carecen de verdadera letalidad, mientras que sus "inteligencias" aún deficientes, limitan su precisión -contra toda la publicidad que en sentido contrario realizan sus fabricantes.
Se trata de un nuevo tipo de guerra tecnológica ya aplicado contra Irak y contra los serbio-bosnios. En base a relevamientos topográficos satelitales y en función de que el "transgresor" no dispone de la capacidad de respuesta adecuada, la fuerza aeronaval atacante destruye puntualmente todo el sistema C3 y los dislocamientos militares que considera ofensivos. Muchos habitantes del planeta ven estas acciones por sus televisores. Una vez realizado el ataque misilístico puntual, los ejércitos contiguos, elementos insustituíbles en esta nueva estrategia (sin los cuales este tipo de guerra resulta absolutamente improductiva), toman el terreno y alcanzan los objetivos, como en cualquier otra guerra anterior. La acción del o de los ejércitos contiguos (sustitutos) se realiza a partir de una previa desarticulación del sistema electrónico del "transgresor".
Pero en el futuro habrá más. No sólo habrá virtualidad desde el punto de vista del teleespectador, lo que implica asegurar el respaldo político a las operaciones en curso, siempre y cuando ese teleespectador sea un elector del gobierno que dispone de la capacidad aeronaval, y siempre y cuando no vea en sus pantallas sangre de sus conciudadanos. Con la primera sangre con-nacional se produce casi automáticamente el "Síndrome de Mogadiscio", sobre el que hablaremos más adelante.
En el futuro se piensa operar sobre el "transgresor" en base a una desarticulación no sólo electrónica sino además informática, introduciendo virus informático en las centrales telefónicas, canales de radio y TV, etc. Lanzando armamento "lógico" -y no sólo "inteligente", como hasta ahora- convenientemente temporalizado con capacidad para destruir los sistemas electrónicos que guían el tráfico terrestre, fluvial aéreo, etc. Los oficiales que se enfrentan a la fuerza aeronaval agresora no saben si las órdenes que reciben por radio son verdaderas o falsas. De allí que una de las contramedidas lógicas a este nuevo tipo de guerra consiste en articular la defensa a partir de unidades que dispongan del máximo de autonomía posible: desarticulando la tradicional "cadena de mandos" y ubicando la decisión lo más próxima posible al centro de gravedad de los combates.
Una futura guerra que puede tener como marco geográfico el espacio existente entre el Océano Indico, el Golfo Pérsico y el Mediterráneo Oriental será, inexorablemente, un enfrentamiento entre una fuerza aeronaval y una fuerza terrestre ("continental"), con cierta capacidad de respuesta en los planos aéreo y marítimo. En la guerra de 1982 contra la Task-Force británica, el mando argentino no comprendió que era vital poner énfasis en el combate terrestre, al cual se debe llegar inevitablemente en algún punto del conflicto . Sin embargo, en esa guerra, se logró afectar seriamente la capacidad naval de la fuerza atacante y ello es demostrativo de que el "Síndrome de Mogadiscio" se puede generar allí de donde viene el ataque: el espacio (aero)naval.
La de la guerra virtual es una doctrina que sólo puede surgir en sociedades que ya han accedido a la cultura del "último hombre". Los ciudadanos de esas sociedades -ubicadas en el "occidente capitalista"- se consideran usuarios finales de sí mismos. Su propia vida es una vida terminal. Es un hombre sin retorno y estéril a perpetuidad. Ello está en el núcleo de la parálisis mental que hoy afecta a Occidente. Del "último hombre" surge el "soldado virtual", que es la imagen final del hombre civilizado, cuyos desafíos y valores colectivos ya han desaparecido y cuya existencia ya no se puede sacrificar por nada.
La sociedad occidental ha entrado en un decline irreversible, ya que se encuentra afectada su capacidad para poner en peligro -al menos en lejanas latitudes- la vida de uno solo de sus soldados. Occidente en su conjunto no tiene capacidad para traducir su enorme capacidad militar material en decisión estratégica. Sus únicas guerras posibles serán guerras virtuales, guerras de imágenes complejas con un soldado virtual cuya vida debe ser preservada a cualquier precio porque su muerte será sinónimo de catástrofe política en el interior de las sociedades de donde provienen. En ese sentido la civilización occidental ya se ha convertido en rehén de otras civilizaciones.
Los futuros conflictos militares entre fuerzas aeronavales y fuerzas terrestres todas ellas probablemente apostadas en el amplio espacio Pérsico-Indico serán, en un sentido estricto, confrontaciones entre dos morales: una dura de núcleo religioso (fuerzas terrestres) y otra blanda de naturaleza racional-humanista (fuerzas aeronavales).
El soldado virtual señala el pasaje entre el poder real y el poder ilusorio. Representa la fantasía de una victoria sin costos, es decir, sin sangre, indolora. Pero no hay victoria sin sufrimiento -no hay vida sin sufrimiento. Los ya mencionados ejércitos contiguos o sustitutos (Clausewitz hoy los denominaría Ersatzheer) son los soldados reales -de carne, sangre y huesos- que intermedian entre el soldado virtual y la victoria ilusoria. Sólo que en el caso iraní no existe el Ersatzheer: El ejército iraquí ya no es nada y será imposible reflotarlo como fuerza agresora contra Irán. Tampoco será posible rehacer una alianza árabe/occidental como la que actuó en la "Tormenta del Desierto". En la región, en definitiva, sólo hay Amo sin Esclavo. Virtualidad sin huesos y sin sangre.
Los principales elementos de la defensa en el Golfo Pérsico El centro de gravedad del sistema defensivo iraní debería ser de naturaleza político+estratégico, y no sólo estratégico + militar.
En primer lugar se debe mantener e incrementar las relaciones y las alianzas -allí donde las hubiere- con las grandes potencias (regionales o no) con capacidad de repolarizar el sistema internacional. Cuanto mayor sea el espectro ideológico abarcante por la política exterior iraní, mayor será su capacidad de supervivencia en caso de conflicto. Falta relativamente poco tiempo para que en Alemania y en Japón una nueva generación desplace a las actuales dirigencias de posguerra, afectadas por una transferencia de culpa que hasta este momento limitó el movimiento ascendente de esos dos grandes Estados.
Esa misma política de amplio espectro se debería continuar aplicando, sin ningún tipo de fisuras, al campo regional. Su objetivo último y principal debería ser evitar el establecimiento de "ejércitos contiguos". Eliminando la posibilidad de establecer en la región ejércitos sustitutos lindantes con la frontera iraní, se le estaría privando al imperialismo oceánico y a su aliado israelí, de uno de los componentes vitales de la nueva estrategia global.
Otros elementos vitales de la defensa son:
1. Provocar rápidamente el "Síndrome de Mogadiscio". Si fuese posible, en los propios espacios marítimos. Como lo ha demostrado la fuerza aérea argentina en 1982 los buques modernos son tan "hundibles" como lo fueron todos los buques a lo largo de la historia naval militar de la humanidad.
La flota británica, a pesar de su modernísimo armamento, sólo pudo evitar por muy poco la derrota. Los cazabombarderos del ejército del aire argentino, con bombas de acero relativamente antiguas, estuvieron muy cerca de destruir el núcleo de la armada británica. Como se ha podido comprobar en su momento, el peligro principal no lo representaron los misiles franceses Exocet. Por ejemplo, aquel Exocet que destruyó el destructor Sheffield, no explotó en el interior del buque, sino que la fase de impulsión del misil continuó ardiendo. Y el buque se incendió por fallas en el sistema de extinción.
Otros cinco ataques con misiles Exocet fueron interceptados por los británicos a través de simuladores metálicos ("chaff") que engañaron el radar de búsqueda de los misiles. La guerra de Las Malvinas pudo haber terminado con la victoria de los cazabombarderos argentinos, que lograron romper, en vuelo bajo y repetidamente, el cinturón de defensa de los misiles AA británicos. Esos aviones hundieron con sus bombas de 500 y 1000 kgs. no solamente al destructor Coventry, a las fragatas Antélope y Ardent y el portacontenedores Sir Galahad. También alcanzaron a otros 14 barcos de las 23 unidades de combate del núcleo de la Task-Force.
Un balance que podría haber sido absolutamente decisivo en esa guerra, si las bombas hubiesen tenido espoletas adecuadamente temporalizadas. Si sólo cinco o seis bombas hubiesen estallado (de las que dieron en el blanco en esos 14 navíos), toda la operación de las Malvinas habría terminado en una clara victoria de las armas argentinas.
Pero de hecho ninguna bomba estalló dentro de los cascos de los 14 barcos británicos que se salvaron. Algunas de esas bombas, de camisa de acero, perforaron los delgados tabiques de las fragatas y destructores, cayendo la mayoría de las veces al mar, después de atravesar netamente al barco. Fue un instante glorioso que sin embargo no logró, desgraciadamente, resultados militares. Un número importante de bombas simplemente no estallaron, quedando alojadas en el interior de los buques, como por ejemplo, en el portacontenedores Sir Lancelot y en la fragata Alacrity. En la fragata Argonaut una bomba hizo impacto por debajo de la línea de flotación. La bomba siguió su trayecto a través de la sala de máquinas y el depósito de combustible diesel hasta la sala de municiones, allí explotó no la bomba sino un cohete antiaéreo. Esa explosión mató a dos guardias de la sala de municiones, mientras que un incendio en la sala de máquinas, fue sofocado milagrosamente, por una cascada formada por un escape de aceite. La fragata Plymouth, que fue sorprendida en su camino hacia el estrecho de Las Malvinas por un escuadrón de Mirage, sufrió cuatro impactos simultáneos, ninguno con orificio de salida.
La sociedad norteamerica hoy no soportaría pérdidas similares a las sufridas por la flota británica en el Atlántico Sur en 1982 (sin hablar de las enormes pérdidas potenciales que acabamos de mencionar). Esas pérdidas -o similares- actuarían de potenciadores de las líneas de fractura que hoy la atraviesan en múltiples sentidos y direcciones, como ya hemos visto.
2. Negarle al agresor el uso del mar. O, al menos, limitar al máximo su libertad de movimientos allí. Cortar el Estrecho de Ormuz es una acción básica para limitar la libertad naval del oponente. Ello no sólo alteraría de manera dramática los flujos petroleros. Implicaría colapsar los principales pasajes estratégicos hacia el Mediterráneo, el Pacífico y el Atlántico.
Desde un punto de vista estrictamente estratégico el control del Estrecho de Ormuz le permitirá a Tehrán mantener "relaciones especiales" con países amigos potencialmente afectados por un eventual corte de sus flujos energéticos (Alemania, Japón, etc.). Un escenario de ese tipo dota al gobierno Iraní de un amplio paraguas de protección diplomática, que puede ser esencial en caso de conflicto militar (en este mundo apolar).
Ello realza la importancia estratégica de los espacios Continentales del Asia Territorial, cuyos caminos, oleoductos y cualquier otra vía de tránsito de personas o de mercancías, deben ser entendidos como un sistema vital para mantener comunicaciones fluídas e intercambios económicos ininterrumpidos con China, Rusia, Asia Monzónica y Asia "off shore" (Japón). El ferrocarril que ya une el Mar Caspio con el Estrecho de Ormuz es un buen ejemplo de una conexión "hacia Tierra" que Irán debe mantener e incrementar.
Al igual que Alemania, Rusia y China, Irán es básicamente una "potencia continental". Su historia y, más aún, su historia militar demuestra fehacientemente esta realidad. Con anterioridad a Maratón, el Imperio Persa había anexionado grandes espacios costeros: Jonia, Siria, Fenicia y Egipto. Y con ellos una importante flota. Tal situación representaba un enorme peligro para Atenas, una potencia marítima por excelencia, que dependía en gran parte de sus rutas navales exteriores para lograr su aprovisionamiento, de trigo proveniente de la Rusia Meridional y de metales del Cáucaso. Es cierto que la tempestad que se declaró a la altura del monte Atos acabó con la mitad de la escuadra de Darío en su primera expedición naval contra Grecia. Sin embargo logra realizar un desembarco (operación anfibia) que es la base militar de la conquista de Eretria.
Pero cuando en el 490 AC Darío desembarca en Maratón, el ejército ateniense lo estaba esperando, inicia combate y logra una victoria de enorme significado histórico. Las operaciones anfibias fracasaban, entre otras cosas, por la debilidad de la flota persa, hecho que afectó muy posteriormente a muchas otras grandes potencias continentales (Rusia y Alemania, sobre todo).
Diez años después de Maratón, en el 480 AC, Jerjes -el sucesor de Darío- atraviesa los estrechos con una gran Armada compuesta por más de 1200 embarcaciones que transportaba unos 100.000 combatientes. Esa flota representaba una alianza estratégica de cuarenta y seis naciones, sometidas o aliadas a Persia. Jerjes envió un destacamente terrestre hacia Atenas. Esta vez en alianza con Esparta, los atenienses se enfrentan a los persas en el desfiladero de las Termópilas. Esas tropas terrestres griegas son derrotadas por los persas, quienes asaltan y conquistan Atenas. Según el general alemán von Fischer la batalla fue simultáneamente terrestre y naval, pero con centro de gravedad en ambas flotas: "A ambos lados se mantenían las comunicaciones entre las tropas de tierra y las fuerzas marítimas, y las operaciones de tierra y mar se complementaban como un juego de ajedrez".
Pero finalmente fue la flota griega quien tomó disposiciones para defender el istmo que une el Peloponeso con el continente. Las naves fenicias, egipcias y jónicas que componían en gran parte la flota persa fueron destruídas en Salamina, una victoria naval "occidental". La batalla terrestre de Platea, dada un año después, marca el comienzo de una nueva era en la historia de la humanidad y el principio del fin del imperio persa.
Todo comienza con el fracaso de la flota naval persa -un Imperio eminentemente continental- en Salamina. Darío III no percibe el enorme potencial estratégico que tenía, literalmente hablando, a sus espaldas: la enorme masa continental del Asia Central. Hoy ese vasto espacio vuelve a estar presente en el magno escenario histórico donde se representa la lucha a muerte de la globalización contra las identidades. Es esa retaguardia estratégica la que puede suplir debilidades tecnológicas y deficiencias operativas de costas afuera.
Inversamente, la marina iraní es empleada con mucha eficacia unos 2500 años más tarde, durante la guerra de agresión de Irak. La dimensión marítima devino capital en esa guerra ya que otorgó el único factor de movilidad ante el estancamiento de la situación en tierra. Irán logra eliminar casi totalmente el movimiento marítimo irakí, mientras que sus propias fuerzas navales conservaron abiertos los canales de acceso hacia y desde el exterior. A partir de la amenaza de minar el Estrecho de Ormuz, Teherán logra enfriar el apoyo de otros países árabes a Irak.
3. Sistema de C3. Es necesario que esté compartimentado al máximo posible. Es vital que exista, para lograr una defensa eficaz, una importante dislocación geográfica del mando militar y de la defensa civil en general. Debe localizarse una fuerte capacidad decisional en los escalones realmente operativos del sistema defensivo. Lo que la doctrina militar alemana llamó el "Alto Mando" es una figura que hoy casi carecerá de significado a partir del momento en que se desencadenen las operaciones. El Alto Estado Mayor General jugará su rol formativo y planificador con anterioridad al desenlace operativo, y con posterioridad al mismo, reorganizando a las unidades de combate en un Ejército pos/guerra virtual. En la fase operativa propiamente dicha se debe eliminar la tradicional cadena de mandos. Hoy la naturaleza de la guerra virtual y las "agresiones informáticas" hacen imposible mantener tales cadenas de mando militar.
Es necesario encontrar la forma organizativa militar que presente la probabilidad más alta de provocarle al agresor aeronaval, desde un primer momento, la mayor cantidad posible de bajas, y de lograr la eclosión en el más corto plazo del ya mencionado "Síndrome de Mogadiscio". Para ello es imprescindible contar con un sistema de defensa de costas con capacidad misilística de corto y mediano alcance que actúe con independencia sectorial en el plano del C3. Otra arma decisiva será la submarina. Todos los elementos submarinos -convencionales o no convencionales- desde minas tecnológicamente elementales hasta la utilización de los sistemas más complejos, todo eso debe ser utilizado con la máxima intensidad en la primera línea de defensa. Esa es otras de las enseñanzas básicas que se deriva de la batalla del Atlántico Sur de 1982.
4. Disponer de importantes stocks de tecnología militar almacenada bajo la forma de armamentos y equipos operativos. Estos deben provenir, por un lado, de los contactos, acuerdos y alianzas internacionales antes mencionados y, por otro, de la producción interior de esas armas y pertrechos.
5. Finalmente es absolutamente vital para el triunfo de la defensa la disponibilidad de capacidad de represalia nuclear. La capacidad nuclear y la credibilidad de que la misma será utilizada efectivamente en última instancia, constituye la defensa en profundidad propiamente dicha.
3. LÍBANO Y PALESTINA Breve historia de las agresiones israelíes "Al norte del río Litani" El comunicado oficial del ejército israelí, emitido poco después de la catástrofe de la Tsahal en El Líbano, el día 5 de setiembre de 1997, hizo referencia a un enfrentamiento entre las fuerzas judías agresoras y "... un grupo de terroristas libaneses al norte del río Litani". Tanto el comunicado como la casi totalidad de la prensa occidental omitieron el hecho de que esos "terroristas libaneses" eran patriotas que defendían su tierra. Omitieron el hecho de que, por primera vez, el Ejército Libanés -que formaría parte del "grupo terrorista" según el gobierno judío-, coordinó sus acciones con las milicias de Hezbollah y de Amal: ambas organizaciones armadas son legales en el Sur del Líbano y, por supuesto, no son palestinas -como pretende confundir la prensa internacional- sino de nacionalidad libanesa y confesión shiíta.
Esta gran victoria del mundo árabe-musulmán en su conjunto no puede ser vista ni presentada ante el mundo occidental con excusas por la muerte de los bandidos que invadieron, una vez más, un Estado soberano, con la clara intención de destruírlo de manera sistemática.
Fue la anterior debilidad de la conciencia árabe la que impulsó hacia el fatal laberinto del llamado "plan de paz", en el cual una parte del mundo árabe se presentó ante Israel como "sus hoy arrepentidos asesinos se ayer" (Edward Said). Y no como lo que realmente son: las víctimas principales de un Estado criminal; como si los muertos, los torturados, los expatriados, el robo de tierras y el robo de aguas, la destrucción de aldeas, la ocupación militar fueran hechos que debieran olvidarse. Como si la defensa de la vida árabe fuese, de por sí, un "acto de terrorismo".
Los Cedros del Líbano Enfocando el problema exclusivamente desde El Líbano, las agresiones israelíes hacia ese país comenzaron muy pronto, en 1948 (masacre de Houla). Desde un comienzo el judaísmo intentó destruir al país de Los Cedros, tal como lo prescribe el Antiguo Testamento o Torah: La madera del bosque será cortada a hierro, y echados a tierra los cedros del Líbano "... Lo que quede de los árboles de su bosque, será tan poco, que un niño los podrá contar" -Isaías, 10- 17, 34).
El terrorismo judío en Líbano hasta el día de hoy ha causado cientos de miles de muertos, en su mayoría civiles, destrucción de aldeas, escuelas y hospitales, devastaciones económicas inimaginables y la ocupación de una "zona de seguridad" que es una verdadera ofensa al llamado "mundo civilizado". Ente 1967 y 1974 el saldo oficial de la agresión es el siguiente: 138 civiles asesinados y 300 heridos, más decenas de raptos y destrucciones físicas. El 28 de diciembre de 1968 un comando israelí destruyó 13 aviones civiles de la compañía Middle East, en el mismo aeropuerto de Beirut. En abril de 1973 se produjo la masacre de Hanin, en el sur del Líbano, donde los comandos civilizadores israelíes degollaron a 20 civiles inocentes. Antes habían asesinado, en el barrio Verdún de Beirut, a un importante grupo de líderes palestinos.
"Operación Litani" En la madrugada del 15 de marzo de 1978 Israel invade al Líbano con 30.000 hombres: es la llamada "Operación Litani". El asalto tuvo por objetivo la destrucción de 358 aldeas en los distritos de Hasbayya, Bint Jbeil, Marjeyoun, Yiro y Nabatiyeh. La invasión y los asaltos duraron 7 días. Se acuparon 1.100 kilómetros cuadrados de territorio libanés. De los 560 civiles muertos la mayoría fue víctima de bombardeos aéreos mientras oraban en una mezquita. En Khiyan las milicias de Lahad asesinaron a 50 ancianos que se resistieron a abandonar la aldea. Un cuarto de la población de Yaroun fue asesinada. Las aldeas totalmente destruídas por lo ataques aéreos fueron: Ghandourien, Abbasieh, Izzieh, Kantara, Deir Hanna, Numeirieh y las granjas de Churaiheb.
Los israelíes destruyeron 2.500 (totalmente), y 6.200 casas (parcialmente), 5 escuelas, 10 hopitales, redes eléctricas, acueductos y redes telefónicas, 20 mezquitas y 150.000 plantas de olivos y naranjas. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas emitió la Resolución 425, "ordenando" a Israel detener las operaciones militares y retirar sus fuerzas del territorio libanés. Los judíos ignoraron esta decisión y continuaron sus ataques desafiando a las fuerzas de intervención de las Naciones Unidas (FINUL). Finalmente las tropas israelíes se retiran, pero dejando sobre territorio libanés a las tropas mercenarias de Lahd, que cubrieron una llamada "zona de seguridad" sobre una franja de 8 a 10 kilómetros, dentro de territorio libanés, en la frontera norte de Israel, de este a oeste.
La guerra de destrucción de junio de 1981 El 14 de junio de 1981 Israel lanza una nueva guerra de destrucción sobre Líbano, que dura hasta el 28 de junio de ese mismo año. Los aviones judíos bombardearon 46 ciudades y aldeas en los distritos de Tiro, Saida, Nabatiyeh. Zahrani, Hasbayeh, Rashayah Al-Wadi, Shouf y Beirut. Fueron destruídos 8 puentes en el sur y el oeste de la Beeka y gran parte de la refinería petrolera de Zahrani. En los ataques aéreos murieron 252 civiles y 920 quedaron heridos. Se destruyeron 380 casas y vastas áreas de tierras arables fueron devastadas.
La invasión del 6 de junio de 1982 El día 4 de junio de 1982 dio comienzo el bombardeo aéreo de Beirut que fue el prólogo de la invasión masiva del 6 del mismo mes. El ejército libanés ocupó las dos terceras del territorio libanés y Beirut fue sitiada durante 83 días. Fueron arrojadas miles de bombas que produjeron 73.000 (Setenta y tres mil) civiles libanes y palestimnos muertos o heridos. Veinte y tres ciudades y aldeas fueron totalmente destruídas. En el pueblo de Ansar los israelíes crearon un gran campo de concentración donde fueron encarcelados más de 6.000 libaneses y palestinos. El daño económico causado fue el equivalente a 2.000 millones de dólares.
En esta invasión se produjeron las "célebres" matanzas de Sabra y Chatila, que fueron comentadas por Gabriel García Márquez de la siguiente manera: "Lo más increíble de todo es que Menahem Beguin sea Premio Nobel de la Paz...(lo que) le ha permitido la ejecución metódica de un proyecto estratégico que aún no ha culminado, pero que hace pocos días propició la masacre bárbara de más de un millar de refugiados en un campamento de Beirut. Si existiera el Premio Nobel de la Muerte, este año lo tendría asegurado sin rivales el mismo Menahem Beguin, y su asesino profesional el general Ariel Sharon". Gabriel García Márquez, en el "Expreso", de Guayaquil, el 3 de octubre de 1982.
Los ataques del 25 al 31 de junio de 1993 Durante esos siete días las fuerzas invasoras israelíes atacaron más de 60 ciudades, pueblos y aldeas libanesas, que fueron alcanzadas por más de 27.000 obuses de artillería y 1.000 ataques aéreos. Murieron 108 civiles y otros 597 fueron heridos. Doscientos cincuenta mil personas fueron desplazadas y perdieron sus hogares.
Qana, sur del Líbano, 18 de abril de 1996 En la operación "Viñas de Ira" -un nuevo acto de terrorismo del Estado de Israel contra el Líbano realizado durante el mes de abril de 1996-, que en verdad fue una matanza indiscriminada, salvaje e irracional contra la población civil libanesa, vuelven a confluir -una vez más- los elementos mítico/religiosos del judaísmo con los objetivos seculares permanentes del sionismo. Es en la masacre perpetuada en Qana (18/4/96), antigua ciudad del sur del Líbano, donde queda fijado con absoluta claridad la naturaleza del nuevo mesianismo pos-sionista.
Reproduzco a continuación algunas notas aparecidas en períodicos israelíes que marcan el sentido profundo del "crimen contra la humanidad" (que es un concepto reiterativo de la propaganda judía de las últimas décadas) cometido en Qana.
"Hemos asesinado a esas personas a causa de la discriminación detestable que nosotros hacemos entre la importancia sacrosanta de nuestra vida, y aquella -muy limitada- que acordamos a la vida de los demás". Ari Shavit, escritor israelí, en "Haaretz", traducido por "Liberation" el 21 de mayo de 1996.
La justificación rabínica de los asesinatos de Qana fue expuesta en el periódico israelí "Haaretz" del 24 de marzo de 1996. Allí se expone una discusión en la que participaron dos rabinos (el rabino Aviner es uno de los más influyentes de la Cisjordania ocupada), un profesor de la Universidad judía Bar-Ilan, y un magistrado. Esta discusión que transcribimos tuvo lugar a propósito de un artículo del rabino Elba sobre "Lo que dice la Ley religiosa judía sobre el asesinato de gentiles por judíos".
El rabino Aviner afirma que la tesis del autor, por la cual un delito cometido contra un judío es siempre más grave que el mismo delito cometido contra un no judío, está de acuerdo con la enseñanza de la Torah.
"Pregunta. ¿Evoca la ley religiosa y en qué términos, el caso donde estaría en contradicción con la ley del Estado?...
Respuesta. La ley religiosa debe prevalecer sobre toda ley humana. Puede legitimar la ley del Estado si la juzga de acuerdo con el Talmud. Si existe una contradicción es la ley del Talmud la que debe prevalecer.
P. El autor declara que en tiempos de guerra se recomienda matar a todos los gentiles del campo adverso, inclusive a las mujeres y los niños, aunque no representan ninguna amenaza inmediata, con el fin de evitar que se conviertan más adelante en cómplices de los otros...
R. Este es el principio de la guerra total que opone un pueblo a otro. En este caso, si un judío tiene piedad de su enemigo, los demás judíos lo pagarán con su vida.
El rabino Aviner insiste en la distinción que conviene hacer entre la ley religiosa -eterna y absoluta- y las "ordenanzas" de aplicación que pueden tomar en cuenta el contexto histórico del momento:
P. ¿No existe el peligro de que la frontera entre los dos ámbitos sea tan tenue que llegue a ser invisible?
R. Este peligro existe siempre. Pero no podemos censurar a la Biblia, a Maimónides y al Talmud... Además, para los judíos religiosos el hecho de que las reglas sean antiguas o recientes no tiene importancia..."
El mismo artículo subraya que en los funerales de Hoss -ayudante del famoso rabino Levinger de Hebrón- muerto por palestinos, su ataúd fue colocado al lado de la tumba de Goldstein, antes de cantar el salmo 94 ("El Señor es el Dios de la venganza"). Cuando un periodista del Jerusalem Post preguntó al rabino Ginsburg por la razón de este gesto, éste contestó: "¡Quizás esto despierte el espíritu de venganza de los judíos!"
La masacre de Qana es un "crimen contra la humanidad", ordenado, por motivos meramente electorales, por los más altos dirigentes del Estado de Israel y ejecutado con alegría por la jerarquía militar. La siguiente es una entrevista realizada después de la carnicería de Qana, por un periodista de Kol Ha'ir con 5 soldados de la batería responsable de este acto: ninguno de ellos manifestó el más mínimo remordimiento...
- Ellos contaron que se habían enterado, algunos minutos más tarde, dónde habían caído los obuses. El comandante los reunió para decirles que habían actuado bien y que debían continuar... "Aquí nadie ha hablado de un "error". Después de todo no son nada más que Arabushes (término despectivo compuesto de la palabra "árabe" y "rata" -en hebreo "Akhabaroshim")... ¡Arabes, los hay millones!"
Pregunta. ¿No han tenido Vds. ningún problema de conciencia?
Respuesta. ¿Por qué? Sólo hemos hecho nuestro trabajo. Hemos obedecido las órdenes. Además, nadie nos pide nuestra opinión...
P. ¿Y si se la hubiesen pedido?...
R. Habríamos tirado aún más obuses y matado a más árabes...
P. Y la "pureza de las armas" (de la que se enorgullecía en un tiempo el ejército sionista)?
R. No sé de qué está Vd. hablando... Nosotros somos artilleros y no podemos perder el tiempo discutiendo tales estupideces. Lo que se nos enseña es portarnos como soldades profesionales.
(Kol Ha'ir del 10 de mayo de 1996).
Dos corresponsales de Davar han relatado (19/4/96) las impresiones del coronel Ruby, quien supervisó de lo alto de una colina el bombardeo intensivo de los puebles vecinos, y quien se sentía "¡como Zeus en el monte Olimpo distribuyendo el rayo alrededor de él!"
(Davar - 19 de abril de 1996)
El análisis del profesor Israel Shahak (Universidad Hebraica de Jerusalén) sobre las motivaciones reales de la operación "Uvas de la Ira".
- Vaciar el Sur del Líbano de su población para afirmar allí la soberanía que Israel sigue ejerciendo sobre los territorios "autónomos" de Gaza y la Cisjordania ocupada.
- Levantar el pueblo libanés contra la presencia siria haciéndole ver que esa presencia es incapaz de asegurar la protección de su seguridad y de su territorio. (De ahí las incursiones próximas a las bases sirias sin que ellas reaccionen...)
- Frenar la reconstrucción de la economía libanesa, que ha llegado a ser competitiva, y desanimar a los libaneses ricos -particularmente los cristianos- a invertir en ese sector.
- Aumentar la eficacia del ejército y su confianza en sí mismo. "... Cuanto más hablaba el gobierno de paz, más inflaba el presupuesto de Defensa que llega este año a un tal volumen que hace pensar más bien en los preparativos de una próxima guerra que en una paz global.
Según Alex Fisher, corresponsal militar de Yediot Aharonot, la operación del Líbano ha sido para la aviación la ocasión de adquirir una experiencia preciosa a través de un ejercicio a la vez "real" y sin peligro. Es por eso que la aviación ha convocado a la mayor cantidad posible de pilotos jóvenes para ayudarles a superar el miedo que provoca la primera misión de bombardeo... Los hombres encargados de operaciones "más complejas" igualmente se beneficiaron de una enseñanza suplementaria.
Shahak concluye: "Conviene inscribir esta operación las "Uvas de la Ira" en el contexto de los objetivos estratégicos regionales de Israel. A no ser que se produzca un cambio radical en las circunstancias actuales, es de esperar dentro de poco, a pesar del alto el fuego, una ofensiva del mismo género y aún peor..."
Este plan implica visiblemente un cerco metódico de Siria. "Los bombardeos del Líbano han sido precedidos de aquellos que representan el tratado de paz israelo-jordano y el acuerdo militar con Turquía..." ( Middle East International -MEI, 7/6/96). Ariel Sharon ha revelado crudamente sus puntos de vista sobre Siria en la revista norteamericana Middle East Quarterly y en el Jerusalem Post. Se pueden resumir así: "Hace falta ganar tiempo hasta que Hafez al Assad haya abandonado el poder (abandono al que "hay que ayudarle en este sentido") - esperando que sea reemplazado por un hombre que goce del favor de Israel.(...) En ningún caso hay que devolver el Golán. Entre Netanyahu y Peres no existe ningún desacuerdo fundamental sobre la colonización de los territorios ocupados.
Los campos de concentración En el sur del líbano las fuerzas israelíes construyeron numerosos campos de concentración donde fueron torturados miles de prisioneros libanes y palestinos. El de Khiyam es el más grande de todos ellos, pero no el único. Existen además el "Centro 17", en Saff Al-Hawa y las barracas de Marjeyoun y Zaghele. Sobre estos campos existe una abundante documentación producida por Naciones Unidas y organizaciones humanitarias internacionales.
El robo de aguas del Río Litani Desde 1983 las aguas del río Litani son bombeadas hacia territorio israelí. Constitruye el robo de aguas más importante de todo el Oriente Medio. El agua robada del Litani equivale a tres veces el volumen que Israel desvía del río Jordán y del lago Tabaraya.
Conclusiones 1. Las victorias militares árabes conseguidas en el sur del Líbano tendrán importantes consecuencias, en lo inmediato recuperando y reforzando un necesario sentimiento de autoconfianza que durante mucho tiempo pareció perdido. Con absoluta seguridad, el enemigo es vulnerable, en el flanco donde más fuerte parecía: su capacidad militar.
2. Pero la consecuencia más importante de esa victoria está localizado en el interior del Estado de Israel. La crisis política que allí se está almacenando no podrá ser superada con un simple cambio de gobierno, con una vulgar transferencia del poder de la coalición Likud al laborismo. Detrás y por encima de ambos está el fundamentalismo judío: los colonos, el ejército, los servicios de seguridad, los levíes que proclaman el Eretz Israel. Cuando caiga Netanyahu se abrirá, simplemente, la Caja de Pandora: preveer una guerra civil en Israel es ya algo compatible con el realismo político.
Líbano y Palestina. Escenarios polarizadores de una misma dinámica histórica Del fracaso del Plan de Paz se podían derivar dos guerras civiles: una intrapalestina y otra intrajudía. La ofensiva israelí sobre el Líbano es, por un lado, una transferencia "hacia afuera" de uno de esos conflictos interiores y, por otro, tiene por objeto destruir económicamente al Estado Arabe más eficiente de la región.
Una historia que debió haber sido política devino en historia militar propiamente dicha. Dos de los principales actores regionales buscaban cosas distintas: pacificación en su entorno (Israel) y un territorio nacional diferenciado (OLP/ANP). De inmediato se produjeron hechos dramáticos a una velocidad vertiginosa como los atentados terroristas que aseguran el triunfo de Netanyahu, a pesar del "esfuerzo" militar de Péres en el Sur del Líbano (Matanza de Qana).
Luego de los hechos terroristas (Atentados de Jerusalén) se producen los cierres de fronteras y las expediciones punitivas de Israel en los "territorios autónomos". Simultaneamente se confirma que el Estado de Israel "no cumplirá con todos los puntos del Plan de Paz, como la retirada del ejército judío de Hebrón", para no hablar de Jerusalén. El mundo entero vio por sus televisores cómo unos dos millones de palestinos quedaron como rehenes de un Estado judío que progresivamente se decantaba hacia una posición de NO paz por territorios.
Se gobierna en Israel en nombre de principios territoriales eternos, o fronteras perennes, sistemáticamente opuestos a la naturaleza misma del Plan de Paz. En un sentido muy estricto se puede decir que ya hubo en Israel un Golpe de Estado Virtual. La situación ha llegado a un punto tal que ya resulta imposible resolver los problemas más urgentes de la coyuntura -"flexibilización" de fronteras, por ejemplo, hoy impermeabilizadas por las fuerzas de seguridad israelíes- dejando de lado la cuestión de fondo. La refundamentación ideológica del Estado de Israel es el dato esencial que impide que Palestina se transforme en un Estado Nacional Independiente (y no sólo "autónomo") asentado en un territorio continuo (en un mapa racional) definido y reconocido internacionalmente.
La libre circulación de bienes y de personas a través de los bordes de un espacio con forma de archipiélago (o "manchas de tigre"), como lo es hoy el territorio que sostiene a la "autonomía palestina" (Ver Mapa "Allón Plus"), en una coyuntura de conflictos múltiples, es una situación que no tiene antecedentes. La historia, no sólo de Europa, señala con absoluta claridad que la unificación de territorios discontinuos presupone o desata, en todos los casos, conflictos militares.
El conjunto de elementos diponibles señala con claridad que no puede existir un Estado Palestino en las actuales circunstancias, ni ausencia de guerra en el escenario geográfico y cultural del Oriente Medio. La existencia independiente de un Estado nacional palestino con base territorial propia y continua es un hecho innegociable, dada la naturaleza de la fractura que hoy enfrenta entre sí a la sociedad israelí. Esa fractura marca los límites de lo negociable: una "autonomía" palestina asentada en espacios territoriales discontinuos, todos ellos "a mano" de la acción militar israelí.
El mapa actual de Palestina -el de sus "territorios autónomos", que se asemeja a islas, bantustanes o gulags indefensos ante la acción militar israelí demuestra, básicamente, que esa geografía no se podrá trascender porque es el punto de máxima tolerancia que admite la sociedad israelí dentro de la dicotomía paz/territorios, que es teológica y geopolítica, al mismo tiempo.
Eso quiere decir que la guerra en la región será el paisaje dominante no porque estén "trabadas" las negociaciones entre palestinos e israelíes (los palestinos de la OLP han sido los grandes derrotados de los años 80), sino porque en el interior de la sociedad y del Estado judío se ha llegado al punto de máxima tensión previo a una guerra civil. Los gobiernos de Israel optaron siempre por transferir una "guerra civil virtual" al campo árabe/palestino, a una guerra exterior con un enemigo satanizado y perenne.
La guerra no estuvo nunca ausente de la región, aún en épocas de "paz". Esta se manifestó de diferentes maneras, incluyendo atentados dramáticos de macroterrorismo. Hoy vuelven a la memoria las sucesivas invasiones militares al Líbano que incluyeron las masacres de Sabra y Chatila, organizadas y ejecutas por el actual superministro general Sharon. "Guerra" y "Paz" nunca constituyeron tiempos diferentes. Fueron más bien tiempos de no/paz y tiempos de no/guerra.
Un punto claro de inflexión entre la no/guerra y la no/paz estuvo constituído por el asesinato de Rabin. De la lectura del informe oficial sobre el magnicidio se desprende que la estructura de todos los servicios de inteligencia y seguridad del Estado de Israel funcionaron "defectuosamente" durante un largo período de tiempo, antes y después del asesinato, que a su vez fue un punto de partida para lograr la impermeabilización de las fronteras palestinas y la destrucción del Líbano. Esa información señala que los comportamientos internacional y regional del propio Estado judío están escindidos en función del proyecto que anima al fundamentalismo armado israelí.
Los bombardeos israelíes sobre el Líbano comenzados a mediados del mes de abril de 1996 fue una jugada obligada -finalmente infructuosa- que debió adoptar la dirigencia social-sionista israelí para evitar o posponer una situación de derrota electoral. La secuencia de los bombardeos israelíes sobre el Líbano en el mes de abril de 1996 muestra con claridad la existencia de una geopolítica de recursos hídricos y energéticos. La destrucción de grandes depósitos libaneses de agua dulce y de centrales eléctricas trabajosamente reconstruídas es parte de una estrategia de robo de aguas que tiene su máxima expresión en la condena de un Líbano perpetuamente subalterno.
La no victoria del ejército israelí en el Lí